La ocasión de la obra

PALABRAS CLAVE:

Naturaleza humana – Bien/Mal – Crisis Política – Rey Filósofo

No podemos vivir eternamente

rodeados de muertos
y de muerte.
y si todavía quedan prejuicios
hay que destruirlos
“el deber”
digo bien
EL DEBER
del escritor, del poeta, no es ir a encerrarse cobardemente en un texto, un libro, una revista de los que ya nunca más saldrá, sino al contrario salir afuera
para sacudir
para atacar
a la conciencia pública
si no
¿para qué sirve?
¿y para qué ha nacido?
Antonin Artaud

“Sé la ocasión de mi obra”

Sri Krishna

RESUMEN

Hacia el siglo -IV aparecieron simultáneamente en tres puntos distintos del bloque euroasiático cosmogonías que evidenciaron una crisis del Fundamento de sus sociedades: Platón en el Mundo Helénico, Lao Tsé en China y los Mahabharata en la India. Si bien la datación fiel de los textos asiáticos no se pueden asegurar, si podemos afirmar que para la época donde el Libro VII de República es divulgado a sus contemporáneos, estos textos también polemizaban con virulencia dentro de sus sociedades. Mas nuestra empresa se centrará en el análisis del mensaje antes que las consecuencias históricas de los mismos, por lo que la inexactitud mencionada no altera el objetivo final al cual deseo arribar.
Lo que llama la atención es que a través de este legado literario han dejado evidencia de un diagnóstico similar de las causas de la decadencia del orden social, y todos ellos han indagado en el Sentido de la praxis humana para intentar determinar cuál es el verdadero camino que transporte a la Humanidad a un nuevo paradigma donde Razón y Verdad sean evidentes por sí mismas y no quepan espacios para los aspectos gregarios de la condición humana. Partiendo de esta premisa deseo indagar primero las especificidades de cada caso en torno al concepto crisis de fundamento, luego enfrentarlos en los ejes condición humana, sentido de la praxis, y concluir con un análisis de posibilidad de realización de los enunciados por las obras transmitidos.

A. La crisis del Fundamento de la Sociedad

Partimos de la hipótesis que es el contexto quien produce el texto y deductivamente resolvemos que contextos de crisis producen pensamientos críticos. Por lo tanto, el primer postulado que afirmamos es que los tres textos que tomaremos en consideración son presentados ante sus lectores como una intento de dar respuesta a un sistema que se encuentra agrietado en su cimiento fundamental, por ello es que la indagación central se basa, en todos los casos, “en los últimos límites del mundo inteligible”, es decir la idea del Bien, pero ¿quién indaga hasta llegar al último rincón de lo no evidente? quien no encuentra horizonte positivo posible al devenir de lo que para él merece ser preservado, en todos los casos analizados se refieren a la comunidad como totalidad atómica.
Cabe aclarar contra qué paradigmas Platón se encuentra discutiendo, puesto que en la sociedad helénica “La venganza no sólo era socialmente aceptada y exigida, sino que podía llegar a constituir una auténtica obligación religiosa” (Poratti, 2000: 6). Cuando se define a la idea de Bien como atributo último rector de la conducta, fundamentalmente se desafían los cánones más enraizados en la práctica social prescribiendo que si, y sólo si, se actúa de forma correcta cuando es una obligación hacer el bien en todos los casos. Sin distinción de la naturaleza de la causa, el efecto será siempre el mismo. Por lo tanto, “si la justicia es una areté humana, dañar al hombre es hacerlo menos justo. A diferencia de otros técnicos, el justo ejercitaría su areté en hacer malo a otro. Pero lo bueno no puede hacer mal, como lo caliente no puede enfriar o lo seco mojar. Por lo tanto, dañar es propio de lo injusto” (Poratti, 2000: 7). La justicia será, por lo tanto, la condición necesaria para la posibilidad de realización de las demás virtudes.
La uniformidad en la indagación de la idea de Bien da cuenta que la crisis es esencialmente de sentido, tal como lo manifiesta Platón en República 519e al sostener que “la facultad del conocimiento pertenece, sin duda, a algo más divino que jamás pierde su fuerza y que, según la dirección que se le dé, viene a ser util o inutil, ventajoso o perjudicial”, determinando así al conocimiento no como bueno en sí mismo, sino evidenciando que existe un elemento de carácter fundamental, algo que se encuentra en la frontera misma del conocimiento que, si bien pueda llegar a ser racionalizado, debe ser aceptado en sí ya que es LA idea que opera como ordenadora de todas las demás y que permite la experimentación de la Justicia, la idea de Bien. Poratti nos dice que “Las Ideas son instancias objetivas donde se da la plenitud de lo que en el mundo sensible aparece como imperfecto”, que es erroneo interpretarlas como un mero más allá ya que “no están ‘afuera’ de la realidad, sino que pueden ser pensadas como una tensión hacia la perfección que funda el ser de lo que es” (Poratti, 2000: 4).
En 519d Platón encomienda la tarea a los fundadores de la ciudad a “obligar a las mejores naturalezas a que alcancen ese conocimiento que reconocimos como el más sublime de todos, contemplen el bien y realicen esa ascensión de la que hemos hablado, pero una vez que se hayan elevado hasta él y lo hayan contemplado por bastante tiempo guardemonos de permitirles permanecer allí, negándose a bajar de nuevo al lado de los cautivos”. Hacer manifiesto lo expuesto da cuenta que el principal problema de la Polis es el divorcio entre los mandatos del Gran Orden [idea de Bien] y praxis política concreta, es decir, cómo transformar en evidente lo que se presenta como no evidente en su Naturaleza. Por lo tanto, de la no obligación de los mejores a experimentar qué es el Bien, entenderlo en su totalidad y articular los mecanismos para que sean éstos quienes gobiernen y no los cautivos, proviene para Platón la crisis del fundamento político.

A.a El tigre y el dragón

El Bhagavad-gita (también llamado Gitopanishad) es un episodio del Mahabharata, libro que reune los relatos de la historia épica sánscrita del mundo antiguo. La autoridad de la palabra expuesta en el cantar del bienaventurado proviene de su interlocutor Sri Krishna, quien ha descendido nuevamente a la Tierra después de 8,6 millones de años para restaurar el método que conduce a la Vida Eterna que la humanidad hubo de extraviar en algún momento de su evolución. Este texto se presenta a sí mismo como Verdad revelada proveniente de esta idea-frontera platónica del Bien. Me permito tomar esta licencia para mimetizar dichos conceptos y así presentar a la Idea de Bien como portavoz de las sentencias a las cuales haga referencia al mencionar este texto.
En relación a la crisis manifestada en el caso anterior dictamina que cada persona debe preferir su dharma [deber] aunque sea imperfecto, antes que el de otro, aunque sea éste superior. Advertir que al seguir el dharma de otro se corre un gran peligro, es comparable con el concepto platónico de Justicia que será detallado más adelante.
Podríamos resumir por lo tanto la crisis del fundamento en la pregunta de Arjuna: ¿qué fuerza hay en el hombre que le impulsa a pecar, a pesar que su propia voluntad se oponga?, a lo que el bienaventurado señor dijo: “es el deseo y la cólera, producto de rajas [pasiones], que todo lo manchan y todo lo destruyen. Debes saber que ellos son los peores enemigos del alma” (Bhagavad Gita, Libro III: 37).
En Libro VII: 4-5 expone su descripción de la naturaleza imperecedera, aquella que motiva la praxis humana, dirá que “Mi naturaleza se manifiesta en ocho modos: los cinco elementos, la mente, la razón y el Yo. esta es mi naturaleza inferior. Pero además existe en mi otra naturaleza que se manifiesta como Ishvara (la divinidad) y gracias a la cual el mundo se conserva”. Siendo objeto último de la agencia humana el estar en sintonía con dicho estado, algo similar a lo expuesto por Platón al autoimponer a los fundadores de la ciudad la tarea de velar por la correcta pedagogía de la idea de Bien por parte de las mejores naturalezas. Por lo tanto concluye el diagnóstico en Libro VII: 20 al afirmar que “los hombres se pierden a causa de los múltiples deseos que les privan del conocimiento interior; adoran otras divinidades y legislan tal o cual ley que responda a su naturaleza”.
Con un contenido político más contundente Lao Tsé evidencia la crisis de la sociedad política china, en el poema XVIII define que en un país donde no se obre de acuerdo a los designios de la idea de Bien, tal y como aparecen en Platón, se comienzan conversaciones sobre deberes morales tales como, enumera, «humanismo», «justicia», lemas de «patriotismo» y de «amor a la patria», los cuales son categóricamente rotulados de hipocresía, ya que, prosigue en el poema XIX “cuando tal falsedad e hipocresía sean eliminadas, el pueblo será cien veces más feliz”. La falsedad, la sed por las ganancias, el robo, la crueldad hacia los seres vivos, todo esto desaparecerá cuando las personas obtengan el conocimiento de esta idea-frontera de Bien, ya que, tal como es también mencionado en la Bhagavad Gita, todos los vicios humanos se deben a la falta de conocimiento. Para llegar al mismo se debe aplicar una ética basada en la moderación de las pasiones, es decir el justo medio y que, por su propio bien, es mejor ser sencillo y bondadoso, moderar los deseos terrenales y liberarse de las pasiones perniciosas.
Prosiguiendo en el poema XX reconoce a la vanidad y el egocentrismo como el principal problema de la sociedad, cuestiones que a esta altura no son de gran novedad, sin embargo es particularmente rico el final de dicha lírica pues versa “¡Yo —en mi corazón— estoy conociendo a Tao! ¡Oh, es tan sutil! Me distingo de los demás porque valoro a Aquel que creó todas nuestras vidas”, habiendo pues trazado el paralelismo necesario entre el camino y el fin, el modo en que se accede a la Verdad (a través de una práctica disciplinada y devota del estudio de los objetos del mundo inteligible) y la Verdad misma (la idea-frontera de Bien).

B. El Bien y el Mal como fuerzas empíricas

Va de suyo que Bien y Mal son construcciones mentales, que solamente son evidentes tras un juicio sobre un fenómeno, que son el sustrato fértil de las religiones y cualquier sistema moral, ahora bien, ¿son categorías relevantes a la hora de pensar una solución a una crisis tan empírica como lo es la política?
Platón no tiene dudas al respecto, puesto que “debemos tener fijos los ojos en ella [la idea de Bien] para conducirnos sabiamente, tanto en la vida privada como en la pública” (517c). Entonces ¿cómo llegamos a ella? Dirá que se percibe con dificultad, pero que no la podemos percibir sin llegar a la conclusión de que es la causa universal de cuanto existe de recto y de bueno y que en el mundo visible crea la luz y el astro que la dispensa, y que en el mundo inteligible, engendra y procura la verdad y la inteligencia. Es decir, inherentemente hace referencia a una fuente que excede la Razón que ha generado todo cuanto existe en la Tierra, desde lo evidente como el Sol, hasta lo velado a la simple percepción, como los fenómenos metafísicos, tales como el origen de los pensamientos, la diferenciación de las naturalezas humanas y los comportamientos categorizados como malvados.
En República 518d aparece un paralelismo asombroso con las doctrinas en comparación, pues el autor afirma que el alma está naturalmente dotada para el aprendizaje, por lo que es perfectamente posible alcanzar esta idea-frontera y que “a semejanza del ojo que no podría volverse de las tinieblas a la luz sino en compañía de todo el cuerpo, del mismo modo este instrumento debe apartarse de toda el alma de las cosas perecederas, es decir de lo que nace, hasta poder soportar la contemplación del ser y de lo más luminoso del ser, que hemos llamado el bien”, por lo que ve en un correcto método pedagógico, al igual que las otras doctrinas analizadas, la vía para que el Ser Humano alcance su plena potestad. En palabras textuales “No se trata de infundirle la visión, porque ya la tiene, pero está desviado y no mira hacia donde debiera. Esto es lo que importa corregir”(518d).
Hasta aquí las apreciaciones sobre lo que se debe hacer, que serán las mejores naturalezas con una correcta instrucción las que conducirán a la Polis hacia la experiencia total de la Justicia. Ahora bien, ¿cuál es el principal escollo que estas “entidades más elevadas” deberán superar? Sin dudas, más urgente que las contingencias de la administración será la interacción con la némesis de esta idea-frontera de Bien, su opuesto complementario, su archirecontraenemigo: el Mal.
Lao Tsé en el poema LXII realiza una serie de preguntas retóricas para interpretar la utilidad del Mal en el camino de ascensión de la Razón a la idea de Bien: “(…) ¿acaso no necesita la sociedad de las personas de mal? ¿Acaso no ayudan ellas a conocer el carácter efímero de los bienes y tesoros terrenales, así como el carácter ilusorio de la esperanza de permanecer siempre en la Tierra en el cuerpo actual? ¿Acaso, en la interacción con ellas, no hacen las personas de bien esfuerzos por transformarse en su Camino hacia Tao con el fin de apartarse tan lejos del mal como les sea posible? Pues, para ser inalcanzable por el mal, es necesario realizar acciones concretas para el desarrollo de uno mismo como conciencia. ¡Y muchos no se esforzarían por llegar a ser mejores si no hubiese existido «ayuda» de parte de las personas de mal! Los gobernantes terrenales, quienes poseen el poder absoluto, y sus allegados valoran sus alhajas y carruajes lujosos. ¡No obstante, en realidad, no son mejores que aquellos que, en la soledad y tranquilidad, siguen el Camino Más Profundo hacia Tao! ¿No sería mejor para estos gobernantes también comenzar a llevar una vida tranquila y dedicarla al conocimiento de Tao? Se afirma que en la antigüedad las personas no buscaban riquezas terrenales y los delincuentes no eran ejecutados. En aquellos tiempos, todos veneraban a Tao.” Punto aparte merece este final, en donde habla de la misericordia hacia el que ha obrado mal, deduciendo que la venganza no es un acto de Justicia sino fruto de las pasiones, algo que debe ser censurado puesto que alejan al Hombre de la idea de Bien, sustancia de la Justicia tal como la entiende Platón.
Las pasiones son motivadas por la experiencia misma de todas las naturalezas humanas, sin embargo en la asimilación de las ideas más elevadas como Bien y Justicia son fruto de aquellos que, a base de instrucción, disciplina y renunciamiento han elegido dedicar su vida a ser faros de una civilización en penumbras, para ello el cantar del bienaventurado sentencia que quien ha superado las tentaciones del mundo sensible, (entendido como multiplicación de copias infieles de las Ideas del mundo inteligible) deberá permanecer en el yoga (o método para conducir la inteligencia a un saber estable en donde no tiene cabida en el Yo ni la pasión ni la tristeza), consagrado por completo al Yo, sabiendo pues que la inteligencia del que ha vencido los sentidos está bien afirmada.
Por el contrario las naturalezas quien tienen su mente continuamente dirigida hacia los objetos de los sentidos son encadenadas por ellos; “de este lazo nace el deseo, y del deseo la cólera. La cólera origina el error, el error la pérdida de la memoria, está la destrucción de la inteligencia y, en consecuencia, la muerte del hombre(…) quién no ha alcanzado el yoga no puede tener inteligencia ni concentración del pensamiento; quien no alcanza la concentración del pensamiento no puede tener paz y, ¿Cómo podría ser feliz quien no tiene paz?” (Bhagavad Gita; Libro II :61-66).
Reconoce en este texto (Bhagavad Gita; Libro IX :12) la existencia de una naturaleza opuesta a la idea de bien pero complementaria, pues si una construye una inteligencia capaz de absorber los elementos las sutiles del Gran Orden la otra genera los efectos opuestos ya que “para los cegados por el error su actividad, su conocimiento, su esperanza, son inútiles; la naturaleza demoníaca que destruye la voluntad y la inteligencia, les destruirá para siempre.”
Hay un fragmento que deseo rescatarlo fielmente pues versará sobre el valor del renunciamiento a la acción como el camino correcto a la idea de bien, y describe tal obrar como la vía en la cual se llega a la paz necesaria para interpretar la esencia misma de lo bueno en sí. Será por tanto digno portavoz de esta idea-frontera:
quien no es egoísta ni conoce el “yo” y “lo mio”, quien es piadoso y amigo de todos los seres, quien no odia a ningún ser, quien mantiene tranquilo su ánimo en la prosperidad y en la desgracia, quien es paciente y lleno de misericordia, quién está satisfecho, quien ha dominado su Yo, su voluntad y tiene la firme resolución del yogui, quien me entrega su mente y su razón por su gran amor y piedad, quien no causa ninguna pena ni temor en el mundo, quien no es entristecido ni turbado por él, quien no tiene agitación producida por las malas pasiones, que se ha liberado de la alegría, del temor, del odio y de la ansiedad, quien no desea nada, quien es puro, hábil, indiferente, quien no se entristece por ningún acontecimiento, quien renuncia a la acción, quien no está ansioso de placeres y no se regocija con ellos, quien no rehuye al dolor ni se aflige con él, quien no distingue entre sucesos felices y desgraciados, aquel que es igual con amigos y enemigos, que mantiene la ecuanimidad en medio del honor y el deshonor, el calor y el frio, la felicidad y la aflicción, la fama y la infamia, que siempre está libre de relaciones contaminantes, que siempre es callado y se satisface con cualquier cosa, que no lo preocupa ninguna residencia, que está fijo en el plano del conocimiento y que está dedicado al servicio devocional”. (Bhagavad Gita; Libro XI :12-19)
En este fragmento, si se hace una correlación con lo que son las agitaciones del poder, resulta complicado que quien ejerza el poder soberano de decisión sobre lo correcto e incorrecto, el de coacción sobre las actitudes injustas a expensas de una ley hecha a imagen y semejanza del ser humano, es decir de esencia divina y materia corruptible, sea ecuánime con los preceptos anteriormente descritos, he allí la analogía con el plan platónico de una academia de gobierno que aproxime lo más posible a los destinados a gobernar a lo bueno en sí como conocimiento que existe, que no es evidente y que no es potestad de una persona sino de una casta pues la prescripción del renunciamiento puede tomarse como un argumento en favor de la alternancia en las altas esferas del poder, ya que el mismo tiene una dinámica corruptora al fomentar la exaltación del Ego y la autopreservación, por lo tanto, de los privilegios obtenidos.
Lao Tsé categóricamente determina que la virtud de alcanzar el conocimiento del Gran Orden, de la idea de Bien, es potestad exclusiva de los menos, solo una aristocracia de sabios es la que efectivamente está destinada a llevar adelante tal misión. Dirá que “los tontos al oír sobre Tao, lo ridiculizan y llaman a aquellos que han conocido a Tao dementes, extraviados… La sabiduría les parece una locura; la justicia suprema, un vicio; la impecabilidad, una depravación y la gran verdad, una mentira. (Tao Te Ching: poema XLI)
Continúa la explicación con un relato de la génesis del cosmos a fin de dar cuenta de la complementariedad de la idea de Bien con la de Mal, hablando pues de que el motor de la misma es la dualidad antagónica de la creación. En cierto tiempo, Uno salió de Tao y llevó Consigo a Otros Dos. Aquellos Dos llevaron a Otros Tres. Y todos ellos comenzaron a crear las diversas formas de vida en el planeta. Todas estas criaturas se subdividen en los pares de opuestos, yin y yang, y se llenan de la energía chi. Su desarrollo posterior proviene de su interacción.” [Tao Te Ching, poema XLII]
Por lo tanto, para que la idea de bien tenga campo de desarrollo en la Humanidad, en tanto raza animal dotada de Razón y entendimiento suficientes para comprender la dinámica de la generación a través de esta dualidad de opuestos complementarios, debe ésta interactuar con el mal para lograr ser comprendida por nuestra especie.
Ahora, ¿cuál es el destino del gobernante si su objeto es el de administrar las riquezas de un reino, castigar los bajos instintos y hacer de faro de la civilización? Dirá que “Todos temen a la soledad y la perciben como sufrimiento. Esto concierne a los gobernantes terrenales, inclusive ellos se preocupan sólo de sí mismos negándose a ayudar a los demás. No obstante, la decisión correcta consiste exactamente en ocuparse de los demás, olvidándose de uno mismo. El adepto espiritual sabio que ha dedicado su vida al bien de todos no será conquistado por la muerte. Y estas palabras yo las prefiero a todos los otros preceptos de todos los sabios. Quienes han alcanzado a Tao se unen dentro de Éste en Uno Solo.”[Tao Te Ching, poema XLII] Nuevamente aquí aparece la conquista de la muerte a través del renunciamiento a las pasiones y al egoísmo, que será la práctica repetitiva y exhaustiva de la acción altruista y desinteresada aquella que logre desviar nuestra atención de las inclinaciones naturales del Ser Humano a la autopreservación. De allí que tomar conciencia de esto para el político es de vital importancia ya que fundamentalmente su sistema pedagógico será exitoso en tanto y en cual su entendimiento haya aprehendido las artes de la manipulación de las pasiones involutivas y sea exitoso en la sujeción de las fuerzas contrarias a la realización del Bien.

C. La Razón de ser del Rey Filósofo

Maquiavelo sostuvo que la grandeza de Roma radicó en su permanente ambición de conquistas, mientras que la consumación del mundo helénico se dió con la expansión de Alejandro Magno, sabiéndose el mas habil de sus discípulos Ptolomeo, soberano de Egipto. En la suerte de estos próceres se evidencia lo expuesto en el Tao Te Ching poema XXIX cuando sostiene que Algunos ansían gobernar el mundo entero y se esfuerzan por lograrlo. ¡Pero yo no veo para esto ninguna posibilidad! ¡Pues, el mundo es un recipiente de Tao maravilloso e invulnerable! ¡Y a Tao no es posible gobernarlo! ¡Quien, a pesar de todo, intentará hacerlo, con seguridad fracasará! Cada uno tiene dos opciones: oponerse al flujo armonioso de la existencia o seguirlo. Los primeros lucharán, perderán sus fuerzas y luego llorarán y se debilitarán; los segundos florecerán en la armonía, respirarán a todo pulmón y se fortalecerán. La persona sabia no ambiciona el poder y evita la opulencia, el lujo y la prodigalidad. Un poderoso estructuralismo subyace a la expresión “flujo armonioso de la existencia” puesto que, por lejos, excede la capacidad de agencia de un individuo atomizado y hasta de un colectivo de acción. Si de algo ha de depender el éxito de una empresa será, entonces, determinada por la subordinación de las voluntades a los ritmos de la Historia, dentro de este permanente antagonismo con las fuerzas regresivas, y con miras a que el éxito no es fruto de una ambición desmedida, sino producto de un “plan oculto de la naturaleza”.
En República 520c-d Platón argumenta que la disciplina impartida a los jefes y reyes se encuentra cimentada en un interés altruista, que bajo esa condición es posible unir la filosofía con la política. Dirá también que llegará un momento en donde los instruidos deban interpretar un mundo que no se condice con la contemplación que han tenido de lo bello, lo bueno y lo justo en sí y tendrán como tarea entender el trasfondo de las relaciones de poder en tanto relaciones de dominación de voluntades, que no son evidentes por sí mismas sino que refieren a mecanismos de control y manipulación que solamente una razón bien entrenada puede llegar a comprender en su esencia e intervenir eficiente y eficazmente, a fin de desbaratar una estructura de poder en funcionamiento por un nuevo paradigma basado en los principios que intentaremos dejar en evidencia más adelante.
En consonancia con lo expuesto, sostiene Mie que “Platón entiende la justicia política como una construcción racional de la vida comunitaria humana, en la que se integran los miembros a través de la asignación de diversas funciones favorables a la realización del conjunto social” (Mie, 2005: 12). Por lo tanto si el Estado platónico ideal representa lo que el autor considera que son ideas políticas normativas básicas de una comunidad, la planificación que vemos desplegarse en República, “en lugar de perseguir la intención de someter a los individuos a un plan de Estado determinado en cuya confección no participarían los ciudadanos; debería entenderse, más bien, como un esbozo del sistema de relaciones que debe ordenar una comunidad para que en ella se realice la justicia” (Mie, 2005: 13). Por lo que la justicia no es una cuestión de intercambio de bienes o condiciones, sino de posesión originaria e intransferible de lo que ya soy y de la función que cumplo. De este modo funciona como el fundamento de la jerarquía cívica, y así funda el ‘ser’ de la ciudad. La justicia se convierte inmediatamente en la permanencia en la propia clase y casta: “salirse de ellas e intercambiar actividades es ‘la mayor injuria contra la ciudad y lo peor que puede hacerse contra ella’, y en esto consiste la injusticia. De esta forma la justicia asegura y hace obligatorio el ejercicio de las respectivas capacidades (aretaí), y puede decirse que es ‘la madre de todas las virtudes(Poratti, 2000: 16).
Ahora bien, Platón argumenta que para quien haya contemplado y entendido los principios básicos de estas idea-frontera de Bien, Belleza y Justicia “(…) la organización de la ciudad será para vosotros y para nosotros una realidad y no un sueño como ocurre en las demás ciudades cuyos jefes luchan entre sí por sombras vanas y se disputan encarnizadamente la autoridad como si fuese un gran bien” (República 520c-d), es decir que la función gubernativa es una instancia no necesaria en la vida de este agente político consciente de la Realidad, siendo no excluyentemente el objetivo del mismo realizar todas las acciones necesarias para acceder a la autoridad, sino que ésta será una instancia no determinada por la finalidad de su acción, sino consecuencia de la Historia misma. Concluye la sentencia diciendo que “toda ciudad en que menos deseosos estén de gobernar aquellos que deberán hacerlo, será necesariamente la mejor y más pacíficamente gobernada de las ciudades, al paso que sucederá lo contrario a la que tenga gobernantes de contraria intención” (República: 520d). Aquí se evidencia la función gubernativa como un deber transitorio y altruista, que debe ser llevado adelante no por deseo de poder sino como servicio a las generaciones presentes y futuras y que, desapegado de la coyuntura, el Rey Filósofo (aun en ‘estado latente’) ha de tener la obligación de echar luz a las tinieblas para evidenciar la apariencia y contribuir a perfeccionar la constitución de la ciudad a fin de aproximarla a la idea de Justicia en sí.
En cuanto a cuál debe ser la misión política del sabio gobernante (con el cual establecemos un claro paralelismo a la figura del Rey filósofo platónico) esta debe ser la unidad del Pueblo, prescriptivamente expuesto “el hombre sabio debe de obrar sin encadenarse, teniendo por único móvil el unir a los pueblos. No debe sembrar la duda en el entendimiento de los ignorantes encadenados a sus obras; sino que debe aconsejarles la práctica de las acciones que él ejecuta con conocimiento y establecido en el yoga” (Bhagavad Gita, Libro III: 25-26), siendo las mismas sacrificios, privaciones y la práctica de la caridad. Sacrificios en tanto renunciamientos a las pulsiones volitivas del instinto animal, privaciones de los beneficios de las posiciones privilegiadas, y la práctica de la caridad tal como la hemos postulado de la pluma de Platón al inicio del presente apartado.
Ya nos es imperioso primero, definir el carácter histórico de la existencia y segundo, echar por borda la fantasía contemplativa de este agente político ideal que estamos reconstruyendo. Para justificarnos citaremos a Krishna cuando insta a Arjuna a ser ‘Hombre de su Tiempo’ ya que es misión de algunos conducir a los más hacia alguna dirección, eso ha existido y existirá, negar eso es negar la condición imperfecta del Ser Humano, es negar la existencia de una sutil evolución en la condición de la humanidad que es dialéctica pero progresiva, y que cada agente finito está llamado a intervenir en su realidad para afectar el rumbo de este devenir que excede a la particularidad pero que involucra a la especie como totalidad. Dirá el bienaventurado “Yo soy el espíritu del Tiempo, destructor del Universo, poseedor de enorme estatura para destruir los pueblos. Aún sin ti, los guerreros de ambos ejércitos no existirán más. Levántate, sé glorioso, vence a tus enemigos y se rey de un reino rico. Ellos son muertos por Mí y no por ninguna otra persona; ¡Oh Savyasachin! sé pues la ocasión de mi obra. A Drona, Vishma, Jayadratha, Karna y otros muchos guerreros, todos ellos heroicos, extermínales, pues ya han sido exterminados por Mi; no dudes ni te entristezcas. Combate y vencerás en la batalla.”(Bhagavad Gita, Libro XI: 32)

D. La praxis del Rey filósofo

Ahora bien, ¿qué debe procurar un buen gobernante? A la tranquilidad de su Pueblo, ya que este elemento es el abono necesario para fertilizar la tierra en donde crezca un nuevo paradigma de sociedad, en perfecta unidad con las leyes de la naturaleza tal como se evidencian en el mundo inteligible. Para ello tal gobernante no debe fomentar las tentaciones del pueblo sino que su principal ocupación debe ser alimentar correctamente a los suyos ya que es el camino para suprimir las pasiones y así fortalecer la salud de los súbditos, ya que el esfuerzo en esos aspectos de la vida cotidiana generará la tan ansiada tranquilidad.
¿Piensas tú que nuestro hombre seguirá deseoso de aquellas distinciones y envidiaría a los colmados de honores y autoridad en la caverna – o preferiría acaso, como dice Homero, trabajar la tierra al servicio de otro hombre sin patrimonio? (República, 516d). La anterior pregunta da cuenta de la función del iluminado, de aquel que, desprendido de las apariencias y de las banalidades de las tinieblas a la que por condición el humano se encuentra sumergido, dedica su capacidad de agencia a multiplicar las bondades de la naturaleza, a generar la proliferación de los frutos que es capaz de producir por consecuencia de su conocimiento, teniendo como destinatario a aquel que no tiene que perder, aquel sin dominios, eslabón último de la cadena de mando.
Dirá Lao Tze que hay que gobernar el país y al pueblo con amor y sin violencia, que la correcta transpolación de lo bueno en sí del mundo inteligible a acciones concretas en el mundo material se dan con la observancia de la tranquilidad, asimilándose la comprensión de esta verdad con la práctica de no acción. Sostendrá también que “El pueblo es un sostén de los gobernantes. Por lo tanto, aquellos gobernantes terrenales que se enaltecen no tienen una posición firme. Esto pasa porque ellos no consideran al pueblo como su sostén. Este es su error.” (Tao Te Ching, poema XXXIX) Con respecto al trato con las ciudades rivales aconseja evitar las invasiones ya que esto le traería la desgracia principalmente a él mismo puesto que allí por donde un ejército ha pasado impera la devastación quedando, después de las guerras, llegan los años de hambre. Volviendo al principio de la no acción detallará que “(…) un caudillo sabio nunca es belicoso. Un guerrero sabio nunca se enfurece. Quien sabe vencer al enemigo no ataca. Quien ha vencido se detiene. Esta persona no se permite ejercer violencia sobre el enemigo derrotado. Después de obtener la victoria, no se enaltece. Vence y no se siente orgullosa de esto. A tal persona no le gusta hacer la guerra. Vence sólo porque le fuerzan a pelear. Y a pesar de que vence, no es belicosa.” (Tao Te Ching, poema XXX)

E. Conclusión

La ambición del trabajo ha sido demostrar cómo tres manifiestos, que tranquilamente podrían catalogarse como ajenos al ámbito de lo político en sí, lejos de ser esotérismos sobre metafísica, exponen un argumento sólido sobre la naturaleza de los fenómenos políticos al dejar explicitado que la crisis que atraviesa a la condición humana remite al sentido de su praxis y a la imposibilidad de encuadrar dentro de la armonía del kósmos. Los tres relatos han dejado de manifiesto que existe un método coherente, articulado y único con el cual se debe orientar la dinámica de los asuntos públicos, fundamentalmente lo concerniente a la educación del gobernante y el sentido de su acción pública.
Quizás el esfuerzo intelectual más importante sea el encontrarle sentido a estos argumentos actuantes en sociedades milenarias (con obviamente otras características distintas a las actuales), pero con un diagnóstico de situación similar al que podemos arribar de nuestro aquí y ahora: crisis de legitimidad, corrupción, sobredeterminación del lujo y la opulencia, democracias que asemejan más plutocracias que a su definición ideal, pobreza estructural, ineficacia del sistema educativo e incerteza efectiva del sentido de la política como herramienta de una organización social orientada a la definición que hemos descrito de justicia.
Descarto que si no han sido sepultados en la Historia estos escritos es porque son fundantes de doctrina. Más allá del impacto que ha tenido cada uno de ellos, el indagarlos es fuente de reflexión sobre la esencia del comportamiento humano, que ha sido hace miles de años atrás de la manera que se ha intentado exponer en el presente escrito, y que no considero sea sustancialmente distinta al que interpretamos hoy en dia.
Lo bueno en sí como sustancia de acción debe ser pensado como un bien colectivo que englobe a la totalidad, por lo cual no estamos hablando de una introspección meditativa exclusivamente sino de una dinámica de las relaciones sociales y políticas que excluyan de forma efectiva cualquier intención de agentes que tenga a la maldad como motivador de acción, sabiendo que la misma encuentra tierra fértil en el alma de ciertos agentes motivados por los aspectos más bajos de la naturaleza humana. Por eso será el sistema educativo el ‘filtro’ que determine la posición de cada agente en el andamiaje social, aunque la experiencia histórica nos diga que todo Sistema acaece en una espiral sin fin de experiencias que impiden a los Hombres de este Tiempo pensar en un final de la Historia, y menos aún en una sucesión de aristocracia de naturalezas perfectas.

F. Bibliografía y enlaces de interés

  • Mie, Fabián. Acción y Política en la República de Platón en Signos filosóficos, vol. VII, núm 14, julio-diciembre de 2005, pp. 9-34.
  • Prabhupada, A.C. Bhaktivedanta Swami. El Bhagavad-Gita Tal Como Es, – Brasil : Fondo Editorial Bhaktivedanta, 1991.
  • Tsé, Lao. Tao Te Ching, 1ra ed. – Buenos Aires : Editorial Sirio, 2013.
  • Platón. República.- 24ta ed. 6ta reimp.- Buenos Aires : Eudeba, 2007.
  • Poratti, Armando R.. Teoría política y práctica política en Platón. En La filosofía política clásica. De la Antigüedad al Renacimiento. Comp. Boron, Atilio A.. Coleccion CLACSO – EUDEBA, CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Marzo 2000.
  • Cita inicial de contratapa de Carta a los poderes de Antonin Artaud, Buenos Aires : Ed. Argonauta, 2012, 3ra edición.
NOTAS:
1. Hablamos de un nivel de abstracción tal como decir: “Sí, el gran cuadrado no tiene ángulos y no es posible oír el gran sonido y no es posible ver la gran imagen. ¡Tao está oculto a sus miradas y lleva a la Perfección sólo a los dignos!” [Tao Te Ching, poema XVI]
2.Areté, resulta ininteligible desde su usual traducción como ‘virtud’. Areté es lo propio de quien es ‘muy bueno’ en alguna capacidad: tékhne y areté juegan en el mismo ámbito. La palabra areté “será la clave de la ética, o mejor de las éticas griegas filosóficas, pero antes que nada de la moral prefilosófica. Originariamente propia de la más alta valoración social (y en esta dirección se relaciona con la aptitud para el mando), va a difundirse para indicar más en general las capacidades humanas, y por último –como al final del libro I de Rep.- las ‘excelencias’ y capacidades de animales y aún de cosas o instrumentos” (Poratti, 2000: 7).
3.En relación a la función del poeta como educador y el mito como organizador pedagógico se dirá que “la divinidad tal como es es “buena”, y lo bueno no puede hacer mal. La primera ley para los poetas sería pues que ‘la divinidad no es causa de todo, sino sólo del bien’. La segunda ley parte de las transformaciones y metamorfosis mitológicas –donde el ser de lo divino decae en apariencias cambiantes, fantasmas y engaños- para contraponerles el ser simple, que no se aparta de su forma (idéa) propia” (Poratti, 2000: 12).
4. Una profundización a tal concepto puede encontrarse en http://revistas.um.es/daimon/article/viewFile/134451/134701
5. “No hay que verter agua en un vaso lleno. Y no tiene ningún sentido afilar demasiado la hoja del cuchillo. Y si la sala entera está repleta de oro y jaspe, ¿quién podrá resguardarla? El exceso en todo provoca la desgracia. Cuando el trabajo ha sido terminado, hay que retirarse. Estas son las leyes de la armonía sugeridas por Tao”. (Tao Te Ching, poema IX)
6.“Si no vamos a ensalzar con elogios a unos supuestos escogidos, no habrá envidia entre la gente. Si no vamos a exhibir tesoros materiales, no habrá ladrones. En otras palabras, si no vamos a poner a la vista los objetos de las pasiones, no habrá tentaciones.”(Tao Te Ching, poema III)
7.¡Valiente, mantén tu modestia! Y el pueblo te seguirá. Si has llegado a ser un líder para las personas, permite que el Gran Te dirija tus actos. ¡Y sé puro, cariñoso y sutil en el alma, como un niño de pecho! ¡Estando en el bien, no te olvides de la existencia del mal! Y sé un ejemplo de bien para todos. Quien ha llegado a ser un ejemplo de todo lo mencionado para los demás ya no difiere por la calidad del alma del Gran Te. Y después se dirige hacia la Unión con el Tao Eterno. Tal persona, sabiendo sus logros y méritos, se mantiene en el anonimato, pero con eso se convierte en un sabio jefe natural. Es necesario contribuir a que exactamente tal persona sabia sea un jefe de la gente. Y entonces habrá orden permanente en el país”. (Tao Te Ching, poema XXVIII)
8.el hombre que centra su placer en el Yo, que se satisface de la alegría en el Yo y se alegra en el Yo, para él nada significa la obra que tiene que cumplir” (Bhagavad Gita, Libro III – 17)
9.“Tao es eterno y no tiene apariencia humana. Aunque Tao es un Ser tierno, nadie en el mundo puede someterlo. Si la nobleza y los gobernantes del país viviesen en armonía con Tao, las demás personas se volverían tranquilas por sí mismas. ¡Entonces el cielo y la tierra se unirían en armonía; llegarían la prosperidad y el bienestar; el pueblo se calmaría aun sin órdenes! Para establecer el orden en el país, se crean las leyes. Pero éstas no deben ser demasiado rigurosas. Tao es parecido a un océano. El océano se encuentra en la posición más baja que todos los ríos; por lo tanto, todos los ríos fluyen hacia éste.” (Tao Te ching, poema XXXII)
10. “(…) Si los gobernantes terrenales concentran toda su atención en el lujo de sus palacios, los campos se cubren con hierba mala y los graneros quedan vacíos. Estos gobernantes se visten con trajes lujosos, llevan las espadas afiladas, no se satisfacen con comida sencilla y acumulan riquezas desmedidas. Esto es igual a un robo y es una violación de los principios de Tao”. (Tao Te Ching, poema LIII)
11. “¡Educar sin violencia, crear sin alabarse ni apropiarse de lo creado, siendo el mayor entre los otros, no ordenar! ¡He aquí la verdadera rectitud del Gran Te!”(el Espíritu Santo o el Brahman) (Tao Te Ching, poema X)

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