De Regno

 

Palabras clave:

Poder temporal – Poder espiritual – Reino de los Cielos

INTRODUCCIÓN

La gran indagación de la filosofía política medieval es la relación entre dos poderes (entendido éste como potestas), el temporal o político, y el espiritual o religioso.

Sabiendo que, según lo anunciado por los apóstoles en los evangelios, el poder político es una de las tentaciones por las cuales Satanás puso a prueba a Jesús:

 “lo llevó a un lugar alto y le mostró, en un instante, todos los reinos de la Tierra. El diablo le dijo: -Te daré todo el poder de éstos reinos y su gloria, porque a mi me lo han dado y a quien yo quiera se lo puedo dar. Si te postras ante mí todo será tuyo. Jesús respondió: – Está escrito: Adorarás al Señor tu Dios, y sólo a él darás culto.” (Lc, 4: 5-8)

me surge la pregunta ¿cuáles han sido los argumentos para garantizar la santidad de la espada secular sabiéndose, por boca de los testigos del ungido, potestad del Señor de las entidades malignas? ¿Acaso es suficiente la garantía de paz política para asegurar el culto privado a Dios a través de la jerarquía eclesiástica o existe algún imperativo político a la feligresía que, a través de la Iglesia ha generado un cisma ideológico en las entrañas mismas del Imperio de los mil años?

A la ascención de Cristo relatan los Hechos de los Apóstoles cómo era la vida de las comunidades cristianas

 “Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Vendían sus posesiones y haciendas y las distribuían entre todos, según las necesidades de cada uno. Con perseverancia acudían diariamente al templo, partían el pan en las casas y compartían los alimentos con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y se ganaban el aprecio de todo el pueblo.” (Hch, 2:42-47)

Es curioso como éstas comunidades dan cuenta de una administración de las cosas comunes, de la abolición de la propiedad privada y de la condena social a la opulencia, la jerarquía y la sujeción del hombre por el hombre ya que, ha enseñado el Ravi que

En la cátedra de Moisés se han sentado los maestros de la ley y los fariseos. Obedézcanles y hagan lo que les digan, pero no imiten su ejemplo, porque no hacen lo que dicen. Atan cargas pesadas e insoportables, y las ponen sobre los hombros de la gente; pero ellos no mueven ni un dedo para llevarlas. Todo lo hacen para que los vea la gente: exageran sus distintivos religiosos y alargan los adornos del manto; les gusta el primer asiento en los banquetes y los puestos de honor en las sinagogas, el ser saludados por la calle y que los llamen maestro. Ustedes, en cambio, no se dejen llamar maestro, porque uno es su maestro, y todos ustedes son hermanos. Ni llamen a nadie padre en la tierra; porque uno solo es su Padre: el del cielo. Ni se dejen llamar jefes, porque uno sólo es quien los conduce: el Mesías. El mayor de ustedes será el que sirva a los demás. Porque el que se engrandece será humillado, y el que se humilla será engrandecido” (Mt 23:1-12).

A la hora de pensar el derrotero filosófico político surgido durante la Edad Media creo atinado indagar sobre qué han dejado los evangelios como testimonio del accionar político de Jesús ya que, oponiéndose a la ortodoxia judía y a la autoridad romana, gestó un movimiento social que cuestionó las bases mismas del sistema deslegitimando las estructuras de poder existente, sean éstas económicas, políticas y religiosas. Para polemizar con Tomas de Aquino me valdré de la autoridad de la palabra de Mateo, a que ha sido apóstol y discípulo de primera hora de Jesús en sus tres años de ministerio profetico, y ha hecho su diaconato por el norte de África, intuyendo que su evangelio fue celosamente cuidado hasta su incorporación en el Nuevo Testamento.

TOMÁS DE AQUINO, TESTIMONIO DE UNA ÉPOCA

Genealógicamente naturaleza remite a dos conceptos, la palabra latina, natura, que a su vez traduce una palabra griega, physis, al latín. Entre los griegos physis es un sustantivo que proviene de phyo, que a su vez es un verbo de movimiento de devenir. En cambio en el mundo latino el sustantivo natura proviene de nascor, que es nacer y crecer. En los dos casos, physis y natura, se trata de dos totalidades en movimiento, i.e. de dos totalidades que abarcan a toda la realidad, incluido el hombre.

Cuando decimos que natura es una totalidad en movimiento, decimos que ella está sujeta a un devenir que hace que esa realidad transite de un estado a otro estado diferente. Ese movimiento no es caótico o desordenado, sino que tiene lugar siguiendo una cierta regularidad, un cierto ritmo o regla. Podríamos desprender de ese movimiento armónico u evolutivo el concepto de tiempo y, en la tradición judeo-cristiana, el devenir de la profecía de la venida del reino de los Cielos a la tierra a través de la guía de los profetas (de hecho profeta significa quien viene por delante). Por lo cual si existe revelación de la Verdad no caben discusión sobre la finalidad del verbo sino meras cuestiones contingentes referidas a la aplicación de la norma prescripta. Al menos así, intuyo, debiere operar la Razón de un hombre de fe como Tomás.

Tal como sostiene Bertelloni “lo mismo que sucede con la ley natural en general sucede con la ley natural humana. Si existe una ley humana natural a la cual el hombre debe adecuar su conducta esa ley humana natural se transforma en ley moral, y esa adecuación hace de esas conductas del hombre conductas naturales, ‘de acuerdo a regla’ y por ello buenas (…) las preguntas teóricas o conceptuales son fundamentalmente tres: 1) si existe o no la naturaleza como orden; 2) si ese orden puede ser conocido; 3) y si es normativo.” (Bertelloni, 2004: 2)

Tomás no es solamente heredero de la literatura católica sino que se vislumbran elementos surgidos de la filosofía, tal como el concepto de causa final en Aristóteles, el cual sostiene que el movimiento que realizan los seres naturales es un movimiento finalístico que consiste en el tránsito hacia la perfección o realización completa y plena de la forma o esencia propia de cada cosa, que en ellos es el principio de su movimiento. La realización de esa forma es la naturaleza de cada cosa, y el logro de su naturaleza es su perfección. Esa perfección es el bien propio de cada cosa, es su fin, y es su naturaleza.

Tomás también es heredero de la tradición política griega que sostiene la anterioridad ontológica de la pólis, la cual es entendida como perfección en la que se realiza un fin virtuoso, y ello permite saltar desde una concepción de la naturaleza entendida como satisfacción de necesidades (zen = vivir) a una concepción de la naturaleza entendida como realización de perfecciones propiamente humanas (eu zen =bien vivir). Por ello “la expresión physis presente en las tesis sobre la politicidad natural del hombre y sobre la naturalidad de la pólis, no alude a la necesidad del hombre de vivir una vida social con otros para satisfacer urgencias de la vida, sino a una virtud específicamente humana que se realiza en la pólis como ámbito de perfecciones ético-racionales (Política, 1253a 18; III 9, 1280a 30-36; 1280 b29-1281a4).” (Bertelloni, 2004: 9)

El autor también destaca la influencia ciceroniana en Tomas, puesto que en la cosmogonía del filósofo romano natura hace referencia al mundo en tanto totalidad indivisa, como un “orden natural omniabarcante que, regido por la razón cósmica, constituye una verdadera unidad orgánica, de la cual las cosas individuales son simples partes”; dirá que “esa natura omniabarcante equivale a un lógos universal, a una racionalidad totalizante que, desde fuera, opera como regla o legalidad perfectiva de cada una de las cosas del cosmos y del cosmos en su totalidad.” (Bertelloni, 2004: 9)

Por lo tanto la universalidad de la naturaleza se da a través de un orden que es regido por leyes, es decir leyes naturales emanadas de la fuente de la cual brota todo conocimiento y realización, del Verbo del Creador en clave cristiana. Por lo tanto para Tomás el mundo se presenta como un conjunto de naturalezas en movimiento, un tejido complejo en el que cada cosa, incluido el hombre, tiende a la realización de su causa final según la máxima que dice que la naturaleza es un principio intrínseco a las cosas en movimiento. En el caso del hombre su causa última es la vida eterna. Por ello el mundo natural se caracteriza como natural en virtud de su finalidad, finalidad que Tomás expresa con la idea de causalidad final, siendo el fin de cada cosa del mundo natural la causa de su movimiento, y su movimiento hacia su fin es expresión de sus propias leyes.

LA PROPIEDAD Y EL DOMINIO EN TOMÁS

Dentro del basto derrotero filosófico del autor que nos convoca deseo indagar puntualmente en la cuestión de la propiedad privada y los argumentos que expone para explicar la dominación del hombre sobre el hombre para tratar de determinar si los mismos se condicen con su condición de intérprete del mensaje de salvación o si ha sido efectivamente un teórico del poder.

Dirá en primera instancia que de la naturaleza corresponden dos cosas al hombre, una de las cuales es el poder de conseguir elementos de ella y donarlas, siendo lícito, por lo tanto, que el hombre posea cosas propias, y siendo también necesario para la vida humana, por los siguientes motivos: “Primero, porque cada uno se preocupa más de conseguir algo que es solo para sí mismo, que algo que es común a todos o a muchos, porque cada uno, evitando el trabajo, deja para otro lo que compete al común, como sucede en muchas administraciones. De otro modo, porque las cosas humanas son tratadas más ordenadamente si cada uno se inmiscuye en el propio cuidado de conseguir una cosa; en cambio, habría confusión si cada uno consiguiera cualquier cosa indistintamente. Tercero, porque de este modo se conserva más pacífico el estado de los hombres, en tanto cada uno se satisface con su cosa. De ahí que vemos que entre los que poseen algo de modo común e indiviso frecuentemente se originan disputas. Pero lo otro que corresponde al hombre con respecto a las cosas externas es el uso de las mismas, y en cuanto a esto el hombre no debe tener las cosas externas como propias, sino como comunes, de modo que alguien las comunique fácilmente para las necesidades de los otros, por lo cual el apóstol dice en la carta I a Tim. con las riquezas de este siglo.” (Suma Teológica IIa IIae, q. 66)

Cabe sostener que las sociedades que Tomás tiene en mente son los reinos post feudales de la Europa pronto renacentista, olvidando ¿maliciosamente? la experiencia de las comunidades cristianas que llevaron al colapso del imperio romano. Vale aclarar que el imperativo de dichas comunidades remite a la prédica a través del ejemplo, es decir, por medio de una práctica cotidiana de los deberes de cristiano, a saber profesar la pobreza, la humildad, la comunión de los bienes de la tierra, el arrepentimiento, el perdón y la misericordia. Hay un dato curioso y viene de la mano del siguiente episodio “y uno de ellos, [doctor en la ley] le preguntó maliciosamente: —Maestro, ¿cuál es el precepto más importante en la ley? Le respondió: —Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste es el precepto más importante; pero el segundo es equivalente: Amarás al prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen la ley entera y los profetas.” (Mt 22, 35-40) Por lo tanto la comunidad de hombres libres es posible en tanto se estructure en base a la ley prescrita por Moisés, es decir la perfectibilidad del hombre, su causalidad final, es posible a través del cumplimiento efectivo de la Ley natural.

Creo también pertinente citar que dicha carta a Timoteo es escrita no por un apóstol sino por Pablo, general romano convertido al cristianismo tras una revelación en el año 48 de nuestra era carta en la cual, entre sus citas más salientes, sostiene : “Que los esclavos consideren a sus dueños dignos de todo respeto, para que el nombre de Dios y su doctrina no sean objeto de blasfemia. Y si sus dueños son creyentes, que no los respeten menos por el hecho de ser hermanos. Al contrario, que pongan mayor empeño en servirlos, porque así benefician a hermanos queridos en la fe.” (Tim 6, 1-2) Y la no menos curiosa siguiente recomendación: “observa lo que está prescrito, manteniéndote sin mancha e irreprensible hasta la Manifestación de nuestro Señor Jesucristo, manifestación que hará aparecer a su debido tiempo el bienaventurado y único Soberano, el Rey de los reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad y habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre vio ni puede ver.” (Tim 6, 14-16) (¿quien perderia tiempo buscando lo inaccesible? ¿rebelarse pacíficamente al yugo de la opresión no es acaso cuestionar la base del sistema económico, es decir, el trabajo esclavo?). Siendo una carta que además condena la homosexualidad y justifica la sujeción de la mujer al hombre por culpa del pecado original, cuestión que no se encuentra manifestada dentro del pentateuco y, al no ser un discípulo de Jesús la autoridad de su palabra (al menos históricamente) no puede ponerse en paralelo a los testimonios de quienes han compartido el ministerio de Jesús de Nazaret.

Continúa Tomás su argumentación “Por lo tanto, al primero se debe decir que la comunidad de cosas se atribuye al derecho natural, no porque el derecho natural dicte que todas las cosas deben ser poseídas en común y nada debe ser poseído como propio, sino porque la distinción de las posesiones no es por derecho natural, sino más bien establecido por el derecho humano, el cual pertenece al derecho positivo, como se dijo antes; con lo cual la propiedad de las posesiones no está contra el derecho natural sino que se sobreañade al derecho natural por invención de la razón humana.” (Suma Teológica IIa IIae, q. 66) Luego refutaremos este argumento con profundidad ya que la ley natural es clara sobre la posición del cristianismo frente a la propiedad privada. Cabe mencionar que no estamos pensando en quien toma una manzana silvestre para saciar su hambre a futuro, sino quien se arroga el privilegio de poseer bienes de capital para lucro personal y paulatinamente promueve la creación de una ingeniería institucional suficiente como para dar nacimiento al Estado-Nación y al desarrollo en conjunto del sistema económico capitalista, fenómenos que para el siglo XIII comenzaban a ser visibles dada la necesidad de un ejército profesionalizado que haga frente a las amenaza de oriente (musulmanes y mongoles) y ordene internamente Europa, sumado al florecimiento de la actividad bancaria en el centro del continente como fuente de financiamiento de las casas reales para emprender guerras y cruzadas militares y comerciales.

Como segundo argumento para su conclusión sostiene “el rico no actúa ilícitamente si, habiendo ocupado antes la posesión de la cosa que al principio era común, se la comunica a otros, mientras que pecaría si prohibiera indiscriminadamente a otros el uso de esa cosa. De ahí que Basilio dice en el mismo lugar ¿para qué tú estás en la abundancia mientras aquel mendiga, sino para que tú consigas los méritos de una buena dispensa mientras aquel se corone con los premios de la paciencia?” (Suma Teológica IIa IIae, q. 66).

Ahora bien, ¿lo antedicho se encuentra en contraposición a la doctrina profesada por los evangelios? Es tajante la afirmación que lo que esté atado a este mundo permanecerá en el mismo, y lo que se atare en el reino de los cielos permanecerá allí, logrando la promesa de la vida eterna de las almas y, finalmente, romper las cadenas de la carne y la corrupción. ¿Bajo qué autoridad teológica entonces Tomás argumenta que es lícito tomar al rico lo que a nadie perteneciese prescribiendo que ese bien no sea de utilidad indispensable común? Definitivamente no de la quien profese una doctrina que promueva las enseñanzas de la doctrina cristiana.

El concepto de propiedad en la doctrina de los evangelios no admite interpretaciones prácticamente, ya que prescribe que se debe abandonar el lujo y el placer banal para purgar el alma, pues “Nadie puede estar al servicio de dos señores, pues odiará a uno y amará al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No pueden estar al servicio de Dios y del dinero.” (Mt 6, 24)

Como y hemos dicho, hacia el momento de la publicación de la obra citada de Tomás ya se encontraba en ciernes el capitalismo, el antropocentrismo y la unificación de los grandes reinos, así como el dominio de la Iglesia de Roma sobre los territorios meridionales de la península Itálica, por lo que la legitimación de la propiedad es la legitimación de la potestad de mando de quien unificare ejército, administración de justicia y cobro de impuestos, es decir el monarca. Sin embargo si los evangelios sostienen que

(…) entre los paganos los gobernantes tienen sometidos a sus súbditos y los poderosos imponen su autoridad. No será así entre ustedes; más bien, quien entre ustedes quiera llegar a ser grande que se haga servidor de los demás; y quien quiera ser el primero, que se haga sirviente de los demás. Lo mismo que el Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.” (Mt 20, 25-28)

Siendo claro el apóstol en la enseñanza ¿por qué entonces Tomás dirá que “la comunidad de cosas se atribuye al derecho natural, no porque el derecho natural dicte que todas las cosas deben ser poseídas en común y nada debe ser poseído como propio (…) la propiedad de las posesiones no está contra el derecho natural sino que se sobreañade al derecho natural por invención de la razón humana.”? (Suma Teológica IIa IIae, q. 66) Queda claro que la posesión de bienes materiales debe quedar a disposición de quien necesite de ellos para ocuparse de seguir la doctrina, no reconoce grandes latifundios, servicio de esclavitud ni acumulación de bienes suntuosos, por lo tanto si no se discute la legitimidad de la Verdad revelada compilada en el nuevo testamento se incurre en una falacia argumentativa al sostener que la propiedad común no es una ley natural ya que, tal ha sido expuesto, es condición necesaria para la realización de la causa final del ser humano.

Como refuerzo de lo antedicho cito

luego se le acercó uno y le dijo:—Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para alcanzar la vida eterna? Jesús le contestó:—¿Por qué me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el bueno. Si quieres entrar en la vida guarda los mandamientos. El joven le preguntó:—¿Cuáles? Jesús le dijo:—No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no perjurarás, honra a tu padre y a tu madre, y amarás al prójimo como a ti mismo. El joven le dijo: —Todo eso lo he cumplido, ¿qué me queda por hacer? Jesús le contestó: —Si quieres ser perfecto, ve, vende tus bienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme. Al oírlo, el joven se fue triste, porque era muy rico.”(Mt 19, 16-22)

¿Es posible suponer, entonces, que Tomás sea un escéptico de la perfección de la naturaleza del hombre de su tiempo? y que sólo justificase el dominio del hombre por el hombre sosteniendo que “domina alguien a otro como a un libre, cuando lo dirige al bien propio de aquel al que dirige o al bien común. Y tal dominio del hombre sobre el hombre habría existido en el estado de inocencia por dos razones. Primero, en efecto, porque el hombre es naturalmente un animal social, con lo cual los hombres habrían vivido socialmente en el estado de inocencia; pero la vida social de muchos no puede existir si no preside alguno que tienda al bien común, pues los muchos, por sí mismos, tienden a muchos (fines), mientras que uno (tiende) a uno. Segundo, porque, si un hombre hubiera tenido preeminencia sobre otro en cuanto al conocimiento y la justicia, habría sido inconveniente que esto no se ejerciera en utilidad de los otros, según lo que se dice en Pedro I IV, la gracia que cada quien adquiere la administra para los otros. De ahí que Agustín dice en La ciudad de Dios XIX que los justos no imperan por deseo de dominar, sino por el oficio de velar; esto lo prescribe el orden natural; así construyó Dios al hombre.” (Suma Teológica I, q. 96, a. 4)

Hasta aquí no hay objeciones, sólo deseo detenerme en que será dominio sobre hombres libres si el fin que dirigiese el acto de gobierno sea acorde al bien común (o del súbdito), entendido en clave cristiana el reino de los cielos.

Históricamente la unificación de los Estados se dió bajo el parámetro de como mencionábamos que era el gobierno de los paganos, con sometimiento material y simbólico a la plebe bajo el yugo de una casta dominante propietaria de tierras, armas y prestigio social, siendo la Iglesia de Roma donante de un poder divino no prescrito por el relato del ministerio del Ungido, puesto que el bien común manifiestamente es relatado en el sermón de la montaña diciendo

Felices los pobres de corazón, porque el reino de los cielos les pertenece. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los desposeídos, porque heredarán la tierra. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque serán tratados con misericordia. Felices los limpios de corazón, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque se llamarán hijos de Dios. Felices los perseguidos por causa del bien, porque el reino de los cielos les pertenece. Felices ustedes cuando los injurien, los persigan y los calumnien de todo por mi causa. Alégrense y estén contentos pues la paga que les espera en el cielo es abundante. De ese mismo modo persiguieron a los profetas anteriores a ustedes.” (Mt 5, 3-12)

Queda evidenciado entonces que el camino del bien común es un camino de injurias, persecuciones, pobreza y crueldad, donde no reconoce justicia secular, siendo Verdad sinónimo de Justicia, siendo Justicia lo mismo que doctrina enseñada en los evangelios. Queda también de manifiesto que quien se arrogue la potestad de dominio debe ser quien comande el movimiento social que cuestione el status quo desde sus cimientos, es decir desde la justificación de la propiedad privada y el tributo a la corona de los paganos a través de un proceso evolutivo, no violento pero con la prédica de la bienaventuranza del reino de los cielos.

EL LEGADO

“Donde religión hubiere, se presupone todo bien; donde faltare, todo mal se presupone”

(Maquiavelo :105)

LA PROPIEDAD EN GUILLERMO DE OCKHAM

Guillermo de Ockham entra en la Historia en la Europa del Sacro Imperio Romano tardío, en los albores del siglo XIV en momentos donde se canonizaba la lectura de Tomás de los asuntos concernientes al buen cristiano.

Incomodará su genio el mismo punto que hoy en día se critica a la Iglesia Romana, la opulencia y corrupción de la curia. Tratará en su discurso sobre el poder papal que la propiedad de los bienes de la Naturaleza, la cual afirmará es de posesión común, que quien necesitare está facultado a saciarse de sus frutos, siendo para Ockham su principal preocupación las prerrogativas que se atribuye el poder estatal para monopolizar el poder político. Incluso en momentos de proto absolutismos, funcionando la Iglesia como un Estado entre Estados, de naturaleza monárquica no hereditaria aunque vitalicia, con ejército, legislación y tributación propia. No obstante también influenciaba de sobremanera sobre otros Estados soberanos. Cada Estado influencia según la ambición de sus empresas, y las de la Iglesia Romana eran pretensiones de hegemonía europea.

Tal contexto promueve en Ockham un discurso auténtico que no auguraba un final feliz para la institución eclesiástica occidental, pues su argumento sobre el patrimonio es errado en su origen. Si la cesión divina ha sido “la potestad de disponer y usar las cosas temporales para su utilidad; y esa potestad hubiese existido en el estado de inocencia sin la potestad de apropiarse cosa temporal alguna para persona única alguna o asociación especial alguna o para algunas ciertas personas” (Ockham : VIIa), no hay mandato de apropiación, sólo de común disposición de los frutos de la Naturaleza.

Tras la emancipación del Ser Humano “después del pecado, puesto que entre los hombres pululó la avaricia y el deseo de poseer y usar no rectamente las cosas temporales, fue útil y conveniente, a fin de refrenar el apetito ilimitado de tener cosas temporales de los hombres depravados y disipar el descuido en torno de la debida disposición y procuración de los bienes temporales, puesto que, comúnmente, las cosas temporales son descuidadas por los malos, de modo que se apropien de las cosas temporales y [éstas] no sean comunes a todos. Y por eso, después de la caída, junto con el dominio que hubo en el estado de inocencia, hubo tal potestad de apropiarse de las cosas temporales” (Ockham: VIIa). Es un acto racional la organización de las utilidades de un conjunto humano, y al haber abundancia comienza el asentamiento de las comunidades sedentarias y con ella la disposición de los hogares y espacios de siembra. Lo que es dado por Dios es “la doble potestad antedicha, es decir, la de apropiarse de las cosas temporales e instituir gobernantes que tengan jurisdicción fue dada por Dios de modo inmediato, no sólo a los fieles, sino también a los infieles, de modo que se cuenta entre las puras obligaciones morales y cae bajo el precepto que obliga a todos” (Ockham :VIIa). Los sujetos organizan de forma racional la Ciudad de acuerdo a fines de preservación de esfuerzo traducido en patrimonio, de ellas se desprenden obligaciones de servicio militar y la tributación, la garantía de la legitimidad del trabajo esclavo y la herencia.

En palabras de Ockham “los infieles, incluso permaneciendo su condición de infieles, a menos que sean privados judicialmente por el que tiene la potestad legítima, pueden usar legítimamente la doble potestad de esa naturaleza, incluso fuera del artículo de necesidad, y en el artículo de tienen que usarla, porque “la necesidad en modo alguno puede caer bajo ley o precepto humano.” (Ockham :VIIIa)

Tras la cita del episodio de las pieles y del pecado original afirma que “el dominio propio no era originariamente introducido por ordenación especial de Dios, sino por ordenación humana” (Ockham :IXa) por lo tanto un elemento contingente propio de la especie, es decir, perfectible y en su defecto también prescindible.

En efecto, por más que Dios haya dado a los hombres la potestad de apropiarse y dividir entre sí las cosas temporales, sin embargo no transfirió de sí mismo la potestad de esa naturaleza, sino que la retuvo para sí, por la cual, a veces, apropió diversas cosas para diversos hombres y a menudo permitió a los hombres, tanto fieles como infieles, dividirse las cosas de esa naturaleza entre sí, en cuanto al dominio propio o propiedad. Y así consta que ciertos dominios propios fueron por derecho divino y ciertos por derecho humano.

Por lo que si es por derecho humano no lo es por el divino, no es un mandato de la Verdad, es decir carece de validez trascendental. Luego de tres siglos y dentro de la misma área de influencia del Estado Romano, Maquiavelo también veía lo más decadente de la herencia imperial, la gula y la lujuria. Cabe destacar la siguiente anotación: “en cuanto a las sectas, vemos, asimismo, cuan necesarias sean estas renovaciones por el ejemplo que nos da nuestra religión; la cual, de no haber sido llevada nuevamente a sus principios por San Francisco y Santo Domingo, estaría a totalmente extinguida” (Maquiavelo :112). Sabiéndose entonces al proceso sucesorio a la vida pública de Guillermo de Ockham como la vuelta al final de Roma.

 EL DERECHO DE USO NATURAL Y POSITIVO

El derecho natural de usar es común a todos los hombres, porque se tiene por naturaleza, no sobreviniendo ninguna disposición. Pero aunque todo hombre tenga “en” todo tiempo tal derecho de usar, es bueno aclarar que sin embargo no tiene tal derecho de usar las cosas “por” todo tiempo.

En efecto, aquellos que no tienen ningunas cosas propias ni comunes, aunque tengan el derecho de usar las cosas ajenas, sin embargo no [lo] tienen sino en momento de necesidad extrema: momento en el cual, en virtud del derecho de la naturaleza presente para toda cosa, sin el cual la vida de éstos no podría ser salvada, pudiendo usar las cosas ajenas de forma legítima.

Sin embargo, el derecho positivo de usar, que se tiene a partir de alguna disposición o pacto humano, siendo una cierta potestad legítima de ejercer algún acto en torno de una cosa temporal extrínseca, de la cual alguien no debe ser privado contra su voluntad sin culpa y sin causa, y si fuera privado, el que lo priva injustamente podrá comparecer en juicio. Por lo tanto el derecho de uso por causa extrema habilita a cualquier Ser Humano a disponer de los bienes extrínsecos.

LA AUTORIDAD DEL IMPERIO

Si en todos los gobiernos de la república cristiana se hubiese mantenido la religión según fuera ordenado por el Dador de ella, serían los Estados y las repúblicas cristianas más unidas y mucho más felices de lo que son

(Maquiavelo: 106)

(…) Después de que fue hecha esta donación de jurisdicción a partir de Dios y de los hombres, [el emperador] no dependía regularmente de ninguno sino de Dios, por más que dependa casualmente también de los hombres por el hecho de que, en caso, el pueblo tenía la potestad de corregir al emperador, al modo en que, en caso, el siervo tiene la potestad de avanzar corporalmente por la fuerza a su señor.” (Ockham : IVb)

Está claro que decir en un escenario de ‘real politic’ donde el soberano esté sólo obligado por Dios da cuenta de su naturaleza filosófica omnipotente, la cual en efecto se encuentra garantizada en el dominio de un aparato castrense y burocrático en alianza con Señores feudales a fin de garantizar el cobro de impuestos, la administración de justicia y, eventualmente, el servicio militar.

No desconoce Ockham los excesos a los cuales puede caer el poder político ya que “(…) el poder tiránico [ejercido] sobre iguales y pares no ha de ser juzgado un poder verdadero sino solamente usurpado y tiránico (Ockham: IVb).” Sostener lo antedicho es colocar al poder original de cualquier potencia con vocación imperial en la misma acusación, de hecho de Roma dirá “(…) la naturaleza hizo a todos los hombre pares e iguales. Por lo tanto, los romanos y otros mortales eran iguales y pares. Pero los romanos oprimieron a los otros por la fuerza y los subsumieron a su imperio; luego, su imperio, en el principio, fue usurpado, tiránico e injusto. (…) Luego, si el imperio romano tuvo un principio malo porque [fue] tiránico y usurpado, se ha de presumir que luego fue ocupado, continuado y detentado injustamente (Ockham: IVb).” derivándose que el principado que tuvo un principio malo en modo alguno puede hacerse verdadero y legítimo en virtud de la bondad y utilidad que sigue al gobierno.

No encontrará el momento del giro copernicano de la naturaleza del gobierno, más considera suficiente la transmutación al cristianismo como depuración de todo vicio para ungirse como imperio verdadero. En efecto, su cuerpo teórico se cimienta bajo la premisa que todos los mortales que nacen libres y de ningún modo están sujetos a otro, “por derecho humano tienen, a partir de Dios y la naturaleza, [esto, a saber], que espontáneamente pueden poner al mando de sí mismos a un rector” (Ockham: IVb), siendo el fundamento del sistema político la espontaneidad del comportamiento humano, lo político y lo divino no están unidos entonces desde la organización sino desde el propósito.

Es por lo dicho anteriormente que es probable que Ockham analice con ’realismo político’ al papado de Roma tal como lo hiciere Maquiavelo quien sostiene que “aquellos pueblos que son más apegados a la Iglesia Romana son los que menos religión tienen. Y quien considere sus fundamentos y vea cuán distinto a aquellos es el uso actual, juzgaría sin duda que se hallan cercanos a la ruina o el flagelo” (Maquiavelo: 110). Descripción perversa de un Estado ineficiente, cruel y libertino.

La organización jerárquica de los asuntos políticos es común a cualquier sociedad, siendo los pocos los que deliberan los asuntos relevantes. La grandeza de la estructura permite reproducir cultura, es decir adaptar comportamientos a los cánones de una época, en este caso la baja Edad Media en el seno del poder de Roma entre escolásticos y críticos de los vicios de la cúpula eclesiástica. De allí que Maquiavelo sostenga que “San Francisco y Santo Domingo, con la pobreza, con el ejemplo de la vida de Jesucristo, circunscribieron la religión cristiana en la mente de los hombres y la hicieron retroceder hacia su principio” (2005: 107).

CONCLUSIÓN

Sería injusto sostener intencionalidades en la obra de Tomás más allá de lo ya expuesto dado que la Iglesia de Roma ha sido implacable con el monopolio de la interpretación de las Sagradas Escrituras y es altamente probable que sea plenamente consciente que

Se cumple en ellos aquella profecía de Isaías: Por más que escuchen, no comprenderán, por más que miren, no verán. Se ha endurecido el corazón de este pueblo; se han vuelto duros de oído, se han tapado los ojos. Que sus ojos no vean ni sus oídos oigan, ni su corazón entienda, ni se conviertan para que yo los sane. Si uno escucha la palabra del reino y no la entiende, viene el Maligno y le arrebata lo sembrado en su corazón; ése es como lo sembrado junto al camino.” (Mt 8, 14-19)

Por lo tanto no pretendo condenar al autor sino rescatar el esfuerzo por entender e interpretar una Europa que veía caer por segunda vez al imperio latino, fracasar la octava y novena cruzada, temía por el avance de oriente, redescubría su herencia helenística por medio de la política de Aristóteles, desacralizaba la autoridad papal, cuestionaba el geocentrismo, abría las puertas a la matemática y se preparaba para ampliar sus fronteras hasta los confines del mundo de la mano de latinos, sajones, eslavos y neerlandeces solo unos siglos más tarde, cuando las fronteras del continente ya estuvieran blindadas. Infiero ese vendaval de nuevos saberes han calado profundo hasta en los hombres de más devota fe, sobre todo en mentes tan brillantes como la de Tomás.

¿Cual es la actualidad del asunto? la misma que motoriza la Razón humana desde los albores de la filosofía es decir esforzarse por responder a la pregunta ¿existimos para conocer la Verdad? ¿o acaso somos fruto de un mal sueño? de ser afirmativa la respuesta a la primer pregunta ¿es posible un método que nos conduzca a ella o es tan interpretable como racionalidades la contemplan?.

Si con algo me deseo quedar de lo interpretado es la vocación de la doctrina cristiana por elegir como interlocutor a quien nada tiene por lo que nada tiene que perder, el traer a la Historia a los muchos silenciosos que con ejemplos antiheroicos pero devocionales serán los albañiles del eu zen, los que son sujetos de realización de la naturaleza humana, que no es un camino adornado de gestas épicas sino que será parido con dolor y desarraigo de la corrupción de la carne y los vicios del poder.

En simetría podemos sumar la siguiente cita para concluir la exposición “nuestra religión ha puesto el sumo bien en la humildad, en la abyección y en el desprecio de las cosas humanas: mientras la otra lo ponía en la grandeza del ánimo, en la fortaleza del cuerpo y en todas las otras cosas aptas a hacer a los hombres sumamente fuertes. Y si nuestra religión pide que tu tengas en ti la fortaleza, quiere también que tu sepas mayormente sufrir que ejecutar acciones fuertes.” (Maquiavelo: 111)

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Tomás de Aquino; Suma Teológica; BAC, Madrid, 1956.
  • Bertelloni, Francisco; sociabilidad y politicidad (dominnum) en summa theologiae de Tomás de Aquino (sobre la recepción tomista de la política de Aristóteles) en a recepção do pensamento greco-romano, árabe e judaico pelo ocidente medieval, Edipucrs, Porto Alegre, 2004.
  • Biblia de América; PPC, Madrid, 2011.
  • Maquiavelo, Nicolas; La mente del hombre de Estado, ed. Leviatán, Buenos Aires, 2005.
  • Guillelmi de Ockham; Ópera Política, Manchester University Press, Manchester, 1940- 1997.

A Breve discurso sobre el poder del Papa, en Opera Política III.

B Obra de los noventa días, cap. 61, en Opera Politica II, p. 559, lin. 34 – 50; p. 561, lin. 123 – p. 562, lin. 144.

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