¿Por qué el fascismo?

“el fascismo no fue amamantado por una doctrina elaborada precedentemente sobre un escritorio; nació de una necesidad de acción y fue acción; no fue partido, sino, el los dos primeros años, antipartido y movimiento”.

[La doctrina del fascismo, 1932, vol.VIII. p. 75]

El capitalismo y el campesinado italiano

Los movimientos populares italianos vinculados a la cuestión agraria fueron muy importantes entre finales del siglo XIX y la década de 1920. El capitalismo agrario italiano de dicha centuria no se había manifestado de una manera muy distinta del de otros países de la región, ya que los numerosos contratos existentes en la península poco a poco se habían modificado, o bien hacia la erosión de la parte en especie en los contratos de aparcería. Estas luchas se insertaban en un movimiento secular de tensiones de clase entre propietarios y campesinos, entre ciudad y campo cristalizadas en revueltas en la época napoleónica, usurpaciones de los bienes públicos meridionales en 1847, invasión de feudos y bienes públicos después de la caída del régimen borbónico, que revelaban la aspiración campesina a la propiedad de la tierra. El análisis gramsciano del Risorgimento como “revolución agraria fallida” es clave para comprender el peso que conserva la renta del suelo en el desarrollo político del nuevo reino de Italia. La película Il Gatopardo refleja los conflictos en el Reino de las dos Sicilias al momento de producirse el Risorgimento, en donde se da cuenta de una nobleza tradicional en decadencia pero dueña de importantes latifundios, y de cómo se lograron adaptar a los nuevos tiempos de monarquía constitucional.

Los años anteriores a la primera guerra mundial fueron un periodo de intensa transformación capitalista en el campo y de fuertes luchas contraculturales, que llevaron a un aumento de salarios de los jornaleros en el norte y a una mejoría del modo de vida de los campesinos arrendatarios, medieros y pequeños propietarios. Teniendo como modelo la experiencia alemana y austriaca, surgieron cajas de ahorros de por todas partes y fueron el medio de reunión del dinero de los agricultores no afectados por la crisis, permitiendo una reinversión en términos de maquinaria, fertilizantes y semillas seleccionadas. Pero de hecho aumentaba la dependencia de la agricultura campesina respecto a los productos industriales y a los mecanismos crediticios. En otras partes, sobre todo en las regiones donde predominaba el régimen de medieros, se seguía proponiendo dicho régimen como medio para superar la crisis económica y sobre todo como medio para frenar la

transformación de los medieros en asalariados, lo que representaría su inevitable adhesión al socialismo. “Se trataba de una reestructuración técnica que era al mismo tiempo una reorganización de la sociedad agraria y que encontraba aceptación por parte de los representantes más avanzados de la industria” (Bobbio, 2008: 401). Empresarios burgueses y miembros de la vieja nobleza local garantizaban desde arriba las transformaciones capitalistas de la agricultura de la región.

La crisis producida por la primera guerra mundial, debida a la participación de las masas campesinas en los frentes de toda Europa y su mayor politización, llevó a un empeoramiento de las relaciones de clase en el campo, sobre todo en la Europa centro-meridional, donde la economía campesina seguía teniendo fuertes rasgos de autosuficiencia socioeconómica. “Entre 1919 y 1920, las numerosas huelgas desembocan en ocupaciones de tierras, sobre todo en la Italia centro-meridional contra los bienes públicos y latifundios” (Bobbio, 2008: 402).

El régimen fascista

Dos condiciones necesarias, aunque no suficientes, hacen falta para el éxito de cualquier revolución: un grado extremo de desorganización social y una falta de fe, por parte de todos los afectados, en la dirección política existente. “Lo que hace a una revolución específicamente fascista son sus slogan y llamamientos a cierto tipo de gente que se considera a sí misma como derrotada en la civilización tecnológica moderna” (Tannembaum, 1972: 13). La escena en Cristo se detuvo en Éboli retratando el momento de lo épico del relato de la guerra a Etiopía da cuentas de aspectos fundamentales de la cultura fascista, de su glorificación del genio latino, de la epopeya imperial. Al mismo tiempo ese film muestra la apreciación del italiano promedio del atrasado sur al confesarle al intelectual confinado en esa ciudad que la capital de Italia para ellos debía trasladarse a Nueva York, testimonio que evidenciaba una incredulidad muy fuerte para con el fascismo. Evidentemente para hacer la América había que cruzar el charco, no había perspectivas de futuro promisorio en estructuras agrarias que asemejaban a prácticas feudales aún iniciado el siglo XX:

Una vez movilizada esta gente, un movimiento fascista que ha tomado el poder debe mantenerla tras él en organizaciones apolíticas y con insistencia primordial en el nacionalismo.

En las primeras elecciones luego de la unificación, en noviembre de 1870, para la IX legislatura, los electores eran el 2% de la población; en las últimas elecciones antes del ascenso del fascismo, en mayo de 1921, para la XXVI legislatura, fueron el 28,7% (Bobbio, 2006: 34). “Mussolini había sido designado legalmente, había jurado fidelidad al rey y a la Constitución, y había presentado su programa ante el Parlamento, al que había pedido, y del que había obtenido plenos poderes” (Sassoon, 2008: 8). La seducción del poder se le había manifestado tiempo atrás, cuando tomó conciencia de que podía obtener lo que deseaba de un modo más fácil y rápido si lograba un compromiso con la monarquía. Y ésta fue una de las actitudes que indujeron a buena parte de la clase política a otorgarle plenos poderes. Para justificar su lealtad a la corona Mussolini afirmaba que sólo pretendía evitar una guerra civil, aunque lo cierto es que no hubiera podido ascender al poder de ningún modo, pues su “ejército” de fascistas no era lo bastante poderoso.

En 1922 Italia tenía un complejo de instituciones que, si no siempre habían desenvuelto sus funciones de modo ejemplar, eran el resultado de una conciencia democrática que había ido madurándose y que permitían esperar, una vez sosegadas las agitaciones de la posguerra, la estabilización de un orden civil.

La denominada fascistización del Estado, a través de leyes llamadas “exquisitamente” fascistas, fue el proceso que condujo al país del Estado democrático al Estado totalitario. La primera en sancionarse fue la ley electoral del 8 de noviembre de 1923, la última, la ley del 9 de diciembre de 1928, sobre la organización y las atribuciones del Gran Concejo del Fascismo. Después de ello, el fascismo estuvo listo para afrontar la última prueba de fuerza: los acuerdos con el Vaticano en febrero de 1929.

El fascista típico durante la primera parte de la década del veinte, era “alguien que no había encontrado lugar en la sociedad o alguien cuyo status socio-económico se encontraba entre la clase media baja y clase media (en especial empleados de cuello blanco), y su media de edad por encima de los treinta años” (Tannembaum, 1972: 87). Dos casos distintos de personalidades reflejan la filmografía presentada por la cátedra en el inocente y en el conformista. En la película de 1937 (el conformista) se refleja un Yo abatido por la liberalidad, ya devenido en Yo egoísta y se ve perfectamente reflejado en el personaje principal quien aprecia tener roce con la muerte, que es carente de orden y que presenta un círculo familiar en decadencia (incluso con un padre militar devenido el loco). El antiliberalismo y la ideología de la violencia lo hacen sentirse parte de un orden nuevo que concordaba con su personalidad criminal. En cambio en el inocente el personaje principal se alisa al movimiento y es mandado a asesinar a un profesor disidente exiliado en París, lo cual no lo puede realizar por su cobardía y falta de convicción ya que era miembro del partido para pertenecer al grupo de aquellos que, siendo históricamente desplazados, le tocaba ahora si engrosar las filas de la burocracia.

El fascismo como estilo de gobierno contrapuso a una violencia esporádica y desorganizada, que había signado el periodo sucesivo a la primera guerra mundial y que se estaba extinguiendo lentamente, una violencia sistemática que duró veinte años, a una violencia que expresaba la exigencia de una profunda renovación social, la violencia a través del ejercicio, de cualquier modo, del poder. Ideología de la violencia y de la negación.

Si existiese el modo de preguntarle al “finado” qué opinión le merecía la experiencia fascista, probablemente sus palabras no se hubieran diferenciado en sustancia de éstas: “[El fascismo representaba] el rechazo por aquel mundo más civil y más humano, que desde hacía dos siglos se resumía en el ideal de la democracia; una especie de revuelta, a momentos brutal, a momentos solo vulgar y desordenada, poco consciente de sí, contra los siempre encarnecidos principios de la Revolución Francesa, que se expresaba en el gusto por la mofa, la trivialidad de la imprecación, en la violencia verbal y material” (Bobbio, 2006: 35).

Frases célebres del Duce

“Quitad a un gobierno cualquiera la fuerza –se entiende, la fuerza física, la fuerza armada- y dejadle sólo sus inmortales principios y ese gobierno quedará a la merced del primer grupo organizado y decidido que quiera abatirlo. Ahora el fascismo arroja a la basura estas teorías antivirales”. (…) “la democracia quitó el estilo a la vida del pueblo. El fascismo devuelve el estilo a la vida del pueblo, esto es, una línea de conducta, esto es, el color, la fuerza, lo pintoresco, lo inesperado, lo místico: en suma, todo aquello que cuenta en el alma de las multitudes. Tocamos todas las cuerdas de la lira, desde aquella de la violencia a la de la religión, desde aquella del arte a la de la política”. [Mussolini, scritti e discorsi, PP. 79 y 335]

Mussolini ante un reportero del Corriere Della Sera: “Diga la verdad. Hemos hecho una revolución son parangón en el mundo entero… hemos hecho la revolución mientras los servicios públicos seguían funcionando, sin interrumpir el comercio, con los empleados sentados en sus mesas, los trabajadores en sus fábricas y los campesinos labrando en paz sus campos. Es un nuevo estilo de revolución.” [Edición impresa del 31 de octubre de 1922]

Bibliografía

  • Bobbio, Norberto (comp.),Diccionario de Política, Siglo XXI, 2008
  • Tannembaum, Edward,La experiencia fascista: Sociedad y cultura en Italia (1922-1945); Alianza; 1972
  • Sassoon, Donald,Mussolini; Crítica, 2008
  • Bobbio, Norberto,Ensayos sobre el Fascismo, Prometeo, 2006

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