Opinión sobre la toma de FSOC

1/nov/10

Desde hace un mes los estudiantes de dicha facultad nos encontramos imposibilitados de continuar con nuestros estudios ya que una facción de estudiantes organizados ha tomado violentamente las tres sedes.

Muchos de los reclamos son genuinos y compartidos por su obviedad por la gran mayoría de quienes nos vemos directamente afectados por una infraestructura deficiente, por una precarización de los aranceles docentes (quienes tienen la posibilidad de cobrar), de criterios arbitrarios de habilitación a la hora de habilitar seminarios y materias optativas en base a la afinidad con la dirigencia de la Facultad, y la falta de prácticas profesionales para aplicar los saberes adquiridos; lo cual es fundamental pues nuestro objeto de estudio es la sociedad y sus diferentes manifestaciones.

Sin embargo existen motivos particulares que son igual de determinantes que los que nos afectan a la totalidad del estudiantado como un reclamo por $80.000, es decir un reclamo particular entre la cúpula de la dirigencia estudiantil que, es verdad, ha obtenido la mayoría en los comicios por el manejo del centro de estudiantes, pero que no puede arrogarse la representatividad de la totalidad pues las votaciones rara vez alcanzan al 20% del padrón habilitado.

Lo grave del asunto es que, al margen de haber perdido un mes de clase, se contempla la posibilidad de cancelar el cuatrimestre en curso debido a la falta de tiempo que restará para cubrir la cursada normal de cada materia. Alrededor de 500 profesores adhirieron a que mientras continue la toma de las sedes las clases se encuentran suspendidas ya que no estan garantizadas las condiciones mínimas para una cursada normal.

El debate aquí es sobre la eficacia de las herramientas de lucha del estudiantado frente a tantos y tan variados reclamos. Lo curioso es que la masa de estudiantes activistas se encuentra compuesta por estudiosos de la sociedad, al menos en su gran mayoría. ¿Qué efecto puede tener la pérdida del cautrimestre? Pura funcionalidad al sistema. Sabiendo que somos los olvidados del Estado (pues en tanto estudiantes de ciencias sociales no tenemos el derecho de recibir una beca de estudios, sea ésta la Sarmiento o la del Bicentenario, conjunto al ahogo presupuestario y a la deficiente infraestructura) creo que el hecho de perder en conocimiento y ganar en desprestigio a causa de la facilidad con que se toman medidas radicales, sólo vacían de contenido las escasas herramientas que tenemos los estudiantes para manifestarnos.

Las herramientas de lucha son coyunturales y dependiendo del uso que se le den ganan o pierden en eficacia. En este caso al vaciar de contenido la medida más extrema que tenemos los estudiantes se devalúan todas las otras. Creo que en tanto científicos de la sociedad debemos ser más creativos a la hora de instalar una demanda y a la hora de negociar; pues la intransigencia es válida sólo ante una autoridad absolutamente violenta y no dialogal. La política es otra cosa, es un arte. Es el campo de batalla pero de una guerra que es intelectual, lo fundamental es unir lo heterogeneo en vistas a un objetivo común y conseguir esa conquista. La ilusión es un gran combustible anímico, pero no puede ser un objetivo ya que la política opera pura y exclusivamente sobre la realidad.

Desde ya lo fundamental es repensar la capacidad de agencia que tenemos los estudiantes en tanto conjunto de individuos dispersos y de vínculo fragil. A lo que se debe apuntar es a una fortaleza en tanto movimiento pero concientes que debemos convivir con otros actores más poderosos que, muy a pesar mio, son necesarios para la concreción de las reivindicaciones pues el dinero solo viene del Estado. No hablo de una complicidad en los negociados sino de crear instancias en donde se de lugar a la política como mecanismo de negociación e ir ganando así adhesión en el estudiantado indiferente. Esto se logra con una visión estratégica en las herramientas de lucha a utilizar, pensando cómo se consigue una instalación positiva del reclamo en la opinión pública y sabiendo cuando conviene ya dar un paso al costado.

 

Sin una construcción colectiva de la praxis seguiremos chocándonos con las mismas trabas de siempre, por lo que todo seguirá igual y el Sistema, feliz.

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