Japón 1955 – 1972

Los antecedentes del crecimiento acelerado del PBN japonés (superior al 10% anual) se debió, principalmente, a tres tópicos: el primero hace referencia a una tradición de adoptar y adaptar selectivamente aquellos elementos que la dirigencia japonesa consideró relevantes a la hora de conseguir objetivos concretos; en el periodo estudiado la principal premisa era la reconstrucción del Japón, con la economía como motor y una alianza estrecha con los Estados Unidos (EEUU) quien le garantizaba seguridad militar ante cualquier amenaza de ataque externo. El segundo antecedente hace referencia a la ideología nacionalista y la ambición de ser un pueblo a la vanguardia del desarrollo industrial y financiero; y la creencia de que Japón debería ser la nación determinante del Pacífico. En tanto que un último precedente tiene que ver con la tradición de un Estado activo y promotor de la industria (como fue esbozado en el punto anterior), haciendo suya la determinación de que el desarrollo de las fuerzas productivas y sociales eficientizarían sus energías si son direccionadas a través de un poder central con alta legitimidad y capacidad de liderazgo.

La derrota del Japón a manos de los EEUU trajo aparejado un periodo de transición a la democracia dirigida por la potencia vencedora que abarcó desde 1945 a 1952. Las reformas durante la Ocupación provocaron que el poder permaneciera públicamente en manos de la Dieta y fuera ejercido en nombre de ésta por el Primer Ministro y un gabinete responsable ante la Cámara Baja. Según William Beasley “los partidos [estaban] compuestos por “máquinas” locales y representantes profesionales del pueblo; asociaciones empresarias y sindicatos promoviendo sus intereses sectoriales” , determinaron un mapa político en donde las instituciones partidarias se encontraban muy vulnerables a las exigencias de las fuerzas sociales, en especial de las grandes empresas; aún a pesar de que habiendo un compromiso formal por parte de la Ocupación de desarticular a los zaibatsu, ello no ocurrió de forma que pueda ser considerado determinante. La toma de decisiones terminó dependiendo cada vez más de la relación entre la burocracia civil, el sector empresarial japonés (especialmente los zaibatsu) y un partido político dominante, el Partido Demócrata Liberal (PDL).

Los críticos de la sociedad política que emergió la llamaron peyorativamente la “Corporación Japón”, lo cual significaba que existía un enfoque inusual y disciplinado hacia las relaciones con el mundo exterior, y además, que las consideraciones económicas tenían una desmedida influencia sobre la política nacional.

La alianza con los EEUU, la cual -se dijo- capacitó a Japón para desviar los recursos financieros de defensa para favorecer enormemente a la industria nacional. Para los opositores la Alianza comprometía al país con un tipo de alineamiento internacional que no aprobaban calificándolo de forma de imperialismo sustituto.

La posición de los sindicatos se debilitará considerablemente ya que el derecho a huelga siempre había sido vetado por el Estado Mayor General, lo cual fue funcional a los intereses del empresariado ya que se garantizaba por ley jornadas laborales completas y extensivas en muchos casos, conjunto con la ilegalidad de una herramienta de negociación por parte de los trabajadores.

Dentro del aspecto gubernamental el primer ministro Shigeru Yoshida (46/47 – 48/54) instaló una formulación de la política nacional que tenía un considerable respaldo de la población: la implementación de un estilo conservador de la democracia parlamentaria; la adhesión a la alianza con los EEUU; la concentración del esfuerzo en la recuperación económica y el crecimiento. Había planeado “restaurar las fortunas de Japón por medio de la concertación en el desarrollo económico, mientras se comprometía con una diplomacia de “perfil bajo” en el contexto de la protección estadounidense”.

Otro factor clave hace referencia a la hegemonía política del PDL, quien tenía un amplio acceso a los fondos de campaña, provenientes en su mayoría del sector privado, sumado a un sólido voto de los campesinos (resultado de la reforma agraria, cuyo objetivo era minimizar la influencia de los grandes latifundistas), que tuvo el cuidado de reforzar mediante una política de apoyo a los precios agrícolas. Una extensa red de “hombres de influencia” le proporcionó una interlocución personalizada y no formalmente institucionalizada con los diferentes actores sociales también. No es de despreciar el dato de que existía una estrecha relación entre los miembros de este partido y la burocracia estable del Estado japonés; lo cual desencadenó en escandalosos casos de corrupción, hechos públicos fundamentalmente durante la administración de Tanaka Kakuei (1972-1976). Por lo que el autor no duda en afirmar que “la coordinación de las actividades del partido era una maquinaria central bien articulada, enfocada por encima de todo a las tácticas electorales.”

El sector empresarial japonés fue un soporte fundamental de este sistema de poder, representado después de la guerra por varias organizaciones de amplia base, y no por unas cuantas compañías destacadas, como en el pasado. Ellas eran la Cámara de Comercio e Industria del Japón (creada en 1922) y la Nikkeiren (Federación Japonesa de Asociaciones de Empleadores), fundada en 1948 con el objetivo de ayudar al empresariado a lidiar con la militancia sindical; la más importante sin embargo ha sido la Keidanren (Federación de Organizaciones Económicas, la cual tenía (y tiene) dentro de su membresía a varios cientos de las firmas más grandes del país.

La Keidanren jugó un rol dual en la arena nacional según Besley, en primer término “buscó mediar donde los intereses de grupos y sectores económicos entraran en conflicto unos con otros y en segundo lugar sirvió de vocero de las grandes corporaciones en los temas económicos fundamentales, tanto dentro como fuera de Japón. Actuó como grupo de presión promotor, usualmente en términos generales, de las políticas que el empresariado esperaba que su gobierno adoptara.”

El Keidanren deriva esa habilidad para presionar por políticas convenientes, no tanto de la incorporación de hombres de negocio al mundo de la política – aunque gran número de ellos lo ha hecho- como del dinero que suministra a través de varios intermediarios. Desde 1952 gran flujo de fondos al PDL. 90% de las contribuciones recibidas por los grupos políticos conservadores en los 60. Gran porcentaje provenía del Keidanren, especialmente cuando grandes sumas eran necesitadas para elecciones de la Cámara Baja que tuvieron poca preparación. La contrapartida era el reconocimiento de que el gabinete ministerial tendría la posibilidad de inducir un clima político y financiero favorable a los negocios.

La hostilidad de EEUU hacia Pekín, unida al reconocimiento de Taiwán por parte de Japón, tornó difícil la promoción del comercio con el continente, por lo que esto fue dejado para el acuerdo de representantes no oficiales. Fue en diciembre de 1962, antes de que el gabinete de Ikeda fuera capaz de asegurar el intercambio de misiones comerciales designadas para desarrollar la exportación de la planta industrial a la República Popular China; y aún con eso no hizo más que aumentar la participación de China en el comercio internacional de Japón de 0.1% en 1960 a 2,9% en 1970.

Sin embargo esto no fue suficiente para persuadir a las reconocidas firmas japonesas a tomar parte de ello. Algunas compañías, que tenía tradición de trato con China, o que se habían beneficiado de los recientes y limitados contactos, deseaban seguir adelante e ignorar el riesgo de las represalias de EEUU o Taiwán; mientras que las más grandes, cuyos intereses eran más diversos e internacionales, y por tanto con mayor riesgo por alguna eventualidad, pensaron que lo mejor sería mantenerse distantes. El gobierno por su parte definió ser funcional a las estrategias de las grandes corporaciones multinacionales y privilegiar su relación amistosa con los EEUU.

Por todo lo expuesto es que el espectacular desarrollo de la economía japonesa en dicho periodo tuvo tres ejes fundamentales: la permanencia de un partido político hegemónico en el poder; la determinante influencia de los zaibatsu en materia de política interna e internacional; y la desarticulación y subordinación de las fuerzas laborales englobadas en las organizaciones sindicales.

Fuente:

– Beasley, William, The rise of Modern Japan, ed. Tuttle, 1995; cap. XIV

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