Historia y crítica de la OP – Habermas

Resumen del texto, caps. II, III y IV

  1. Estructuras sociales de la publicidad

Los burgueses son personas privadas y, como tales, no “dominan. Por eso sus exigencias de poder frente al poder público no se enfrentan al conglomerado del dominio con intención de “repartirlo”, sino que tienden a acatar el principio del dominio existente. El principio de control que el público burgués enfrenta al principio de dominio, es decir, precisamente, la publicidad, no quiere cambiar el dominio como tal.

La autocomprensión del razonamiento público está específicamente guiada por estas experiencias privadas procedentes de la subjetividad (inserta en el público) de la esfera íntima de las pequeñas familias.

En la medida en que el tráfico mercantil rebasa las fronteras de la economía doméstica, queda delimitada la esfera familiar respecto de la esfera de reproducción social: el proceso de polarización entre Estado y sociedad se repite otra vez en el seno de la sociedad. El status de un varón privado combina el rol de poseedor de mercancías con el de padre de familia, el del propietario con el del “hombre”. El desdoblamiento de la esfera privada en los planos de mayor elevación de la esfera íntima proporciona el fundamento para identificar aquellos 2 roles con el rótulo de “lo privado”; a esa identificación se reduce también, en última instancia, la autocomprensión política de la publicidad burguesa.

Junto con la economía política, constituye la psicología una de las 2 ciencias específicamente burguesas surgidas en el s. XVIII. Son intereses psicológicos también los que guían al razonamiento.(…) En la medida en que la cultura cobra forma mercantil, convirtiéndose así propiamente, por vez 1ra, en “cultura” ( como algo que se da por su misma voluntad de existir), es reclamada como objeto de sazonada discusión, objeto sobre el cual puede la –públicamente insertada- subjetividad llegar a acuerdo consigo misma.

El ámbito público se limita el poder público (…) la publicidad se encarga de las personas privadas. La esfera privada comprende el ámbito del tráfico mercantil y del trabajo social. (…) La publicidad política resulta de la publicidad literaria; media, a través de la OP, entre el Estado y las necesidades de la sociedad.

(…) Las personas privadas constituyen el público, y no solo en el sentido de que el poder y la vigilancia de los funcionarios públicos han sido puestos fuera de juego; tampoco las dependencias económicas tienen ahora, por principio, eficacia; las leyes del mercado están tan suspendidas como las del Estado. No es que en las casas de café, salones y sociedades secretas se haya realizado de un modo serio esa idea del público; pero con ellos se ha institucionalizado como tal idea, cuajando así como exigencia objetiva y haciéndose así, si no efectiva, sí eficaz.

“Lo general”, de que ahora se ocupaba el público, seguía siendo monopolio interpretativo de las autoridades eclesiásticas y estatales, y no solo bajo el púlpito, sino en filosofía, en literatura y en arte, cuando el desarrollo del capitalismo exigió para determinadas categorías sociales una conducta racionalmente orientada cada vez más en la información. (…) obras filosóficas y literarias, en su cualidad de mercancía, comenzaron a ser universalmente accesibles.

(…) buscan su sentido de un modo autónomo, por caminos de la comprensión racional, conversan entre sí respecto de él y están obligados a manifestarse precisamente respecto de aquello sobre lo que la fuerza de la autoridad había impedido hasta el momento toda manifestación.

El mismo proceso que lleva a la cultura a convertirse en una forma mercantil, haciéndola por vez 1ra una cultura capaz de discusión y controversia, lleva al desenclaustramiento del público.

(el público) se entiende a sí mismo y se encuentra dentro de un público aún más amplio formado por todas las personas privadas a las que, como lectores, oyentes o espectadores, se les presupone patrimonio e instrucción suficientes como para enseñorearse del mercado de objetos en discusión.

Allí donde el público se institucionaliza como grupo fijo de interlocutores, éste no se equipara con el público, sino que, en todo caso, reclama ser reconocido como su portavoz, quizá incluso como su educador, quiere actuar en su nombre, representarlo: tal es la nueva forma de representación burguesa.(…) Se trata siempre de una corporación publicística, pues una discusión interna puede tornarse externa. (…) Con el público difuso formado a partir de la comercialización del tráfico cultural surge una nueva categoría social.

III. Funciones políticas de la publicidad

Al tradicional enfrentamiento entre intereses hacendados y monetarios, que en Inglaterra, con todo, no llevaba la impronta de un conflicto de clase radical (en Inglaterra pronto se convirtieron los hijos de la aristocracia agraria en comerciantes exitosos, y a menudo consiguió también la alta burguesía propiedades agrarias notables), se le superponía ahora un nuevo conflicto de intereses: el enfrentamiento entre los intereses restrictivos del capital comercial y financiero, por un lado, y los intereses expansivos del capital manufacturero e industrial, del otro.

Pero en la Inglaterra post-revolucionaria, el enfrentamiento que, como tal, se propaga a partir de las

esferas del capital, comprende a capas más amplias precisamente en la medida en que el modo de producción capitalista va imponiéndose. (…) va surgiendo el público raciocinante. (…) Hacia el cambio de siglo, penetra la discordia partidaria hasta en la población excluida del derecho a voto.

(…) comparada con la del resto de los Estados europeos, la prensa inglesa gozaba de libertades excepcionales.

El comentario y la crítica constantes de medidas adoptadas por la Corona y de resoluciones del Parlamento, convertidas merced a todo ello en institución, transformaron al poder público, llamado ahora a comparecencia ante la tribuna de la publicidad. El poder era ahora “público” en un doble sentido. El grado de desarrollo de la publicidad se medirá de ahora en delante de acuerdo con el nivel de disputa entre el Estado y la prensa, disputa que durará el siglo entero.

La oposición política en el plano nacional había sido hasta entonces posible como intento de imponer violentamente los propios intereses recurriendo a la formación de grupos antigubernamentales y a la guerra civil; ahora, mediada por un público raciocinante, tomaba la forma de una controversia duradera entre el partido de la oposición y el del Gobierno. A partir del motivo del día, se extiende la discusión a todos los topics of government; se discute sobre la separación de poderes, sobre las libertades inglesas, sobre patriotismo y corrupción, etc. y se llega a partir de aquí hasta las elementales cuestiones de la antropología política.

1792 el público políticamente raciocinante es indirectamente reconocido en su función de crítica pública.

El absolutismo parlamentario se ve obligado a ceder paulatinamente su soberanía. Tampoco se habla ya de sense of people, de opinión vulgar; public opinión se dice ahora; ella se forma en la discusión pública, luego de que el público, por medio de la educación y la información, hay sido puesto en condiciones de formarse una opinión fundada; de ahí nace la máxima foxiana de ofrecer al público the means of forming an opinion (los medios adecuados para formarse una opinión).

La OP se forma en la disputa argumental alrededor de un asunto, no acríticamente en el apoyo o rechazo –plebiscitaria o ingenuamente manipulados-, apoyados en el common sense de las personas.

Francia

El rey monopoliza por completo el poder público. Es el negativo de la igualdad burguesa: todos son súbditos por =, sometidos a la autoridad superior.

La revolución crea de la noche al día las instituciones que le faltaban al público raciocinante: surgen los partidos de club, de los que se nutren las facciones parlamentarias; se forma una prensa diaria política y los Estamentos generales dan a la publicidad sus discusiones. (…) el revolucionario proceso es interpretado y definido a la vez de acuerdo con la Constitución; puede que tenga que ver con ello el que el continente llegara a adquirirse una conciencia precisa de las funciones políticas de la publicidad burguesa. (…) las funciones políticas de la publicidad pasan a ser codificaciones de la Constitución revolucionaria francesa a convertirse rápidamente en consignas que se extienden por toda Europa.

La publicidad carga con funciones políticas a lo largo del s. XVII, pero la naturaleza misma de la función solo puede entenderse en el contexto de una específica fase de la historia de la evolución de la sociedad burguesa: la época en que el tráfico mercantil y el trabajo social se emancipan ampliamente de las directrices estatales.

El presupuesto social de esa publicidad burguesa “desarrollada” es un mercado tendencialmente liberalizado que hace del tráfico en la esfera de la reproducción social un asunto entre personas privadas, completando con ello la privatización de la sociedad burguesa. De su estabilización como ámbito podía, por lo pronto, hablarse bajo el absolutismo sólo en el sentido privativo de que las relaciones sociales habían sido despojadas de su carácter cuasi público; las funciones políticas, las jurídicas y las administrativas fueron acumuladas por el poder público. Este ámbito separado (…) surgió como ámbito mercantilmente reglamentado. Por otro lado, el “sistema unificador” del mercantilismo sienta también ya el comienzo de una privatización del proceso de reproducción en el sentido positivo: en el sentido de que éste se desarrolla paulatinamente de un modo autónomo, según las leyes propias del mercado. (…) El sentido positivo de “privado” se forma, de ordinario, de acuerdo con la idea de la libre disposición sobre la propiedad capitalísticamente activa.

La concepción del negocio jurídico como un contrato basado en la libre declaración de voluntad está moldeada según el proceso de intercambio entre propietarios de mercancías en libre concurrencia. Ella supone, al mismo tiempo, un sistema de derecho privado que reduce las relaciones entre las personas privadas a contratos privados, siendo decisivas las relaciones de intercambio estructuradas de acuerdo con las leyes del libre tráfico de mercado.

El status liberartis, el status civitatis y el status familiae ceden frente a un status naturalis que se adjudica ahora a todos los sujetos de derecho –en coincidencia con la paridad básica que se da entre los propietarios de mercancias en el plano del mercado y entre los instruidos en el plano de la publicidad.

A través de concursos y consultas la OP resulta comprometida en la obra legislativa también en aquellos lugares en los que no existen corporaciones parlamentarias o que, como en la Fracia de Napoleón, aún cuando existenes, carecen de efectividad. Igual que en Berlín y Viena, también en París se someten los proyectos legislativos al dictamen de la publicidad, y no meramente a la consideración de una tribuna de especialistas (1800).

Una ordenación jurídica abstracta, general y, por lo tanto, en apariencia libremente individualista en el plano económico, reenfrenta a una masa casi sofocante de ataduras autoritarias, estamentales y corporativas de todos los puntos clave, social y económicamente, del derecho privado.

(…) el capitalismo concurrencial surge en una constelación histórica irrepetible de la Inglaterra de finales del s.XVIII. El resto de los paises ni siquiera han conseguido realizar plenamente los principios del laisser faire en el comercio internacional en la era dorada del liberalismo, a mediados del s.XIX. Aún así, la sociedad burguesa se emancipa, como esfera de la privacidad, de las directrices del poder político y, en esta fase, va tan lejos en su emancipación que posibilita la llegada a la sazón de la publicidad política en el Estado burgués de derecho.

  1. Publicidad burguesa: idea e ideología

Opinio (latina): juicio incierto o no completamente probado; el sentido del habla cotidiana. Otra significación: reputación, el crédito, la consideración de que uno goza en la opinión del otro.

Las 2 significaciones originarias, la de mera opinión y la de crédito o reputación formada en el espejo de las opiniones, están en contraposición a la racionalidad pretendida por la OP.

Hobbes: Puesto que los súbditos están excluidos de la publicidad objetivada en el aparato del Estado, la pugna que enfrenta a sus sentimientos es políticamente indecidible, está completamente desterrada de la esfera de la política, -La guerra civil acaba con el dictado de una autoridad confesionalmente neutralizada.- (…) con su identificación entre consciente y opinión imprimió un desarrollo al comentario histórico-intelectual, un desarrollo tal que, con la privatización tanto de la religión como de la propiedad, con la emancipación de las personas privadas respecto de las ataduras semipúblicas de la Iglesia y de los poderes intermedios estamental-estatales, dio por 1ra vez validez a la opinión de aquellas. La desvalorización hobbesiana del sentimiento religioso lleva en verdad a la valorización de la convicción privada en general.

Locke restaura la significación original que se tiene de opinión: la idea que uno tiene de los demás.

Law of opinión no alude de ningún modo a una ley de la OP; pues ni surge opinion de la discusión publica (…) ni tiene modo alguno de influir en las leyes del estado puesto que está basado en el consentimiento “of private men, who have not authority enough to make a law”. La opinión, en fin, a diferencia de public opinión, no está ligada a los presupuestos de instrucción y propiedad; opinar no requiere, pongamos por caso, participación en un raciocinio, sino simple manifestación de aquellos “hábitos” a los que luego se enfrentará críticamente la OP considerándolos prejuicios.

En Inglaterra, en cambio, a partir del panfleto surge, por la misma época, la prensa políticamente raciocinante.

Louis-Sebastian Mercier: La opinión publique es el resultado ilustrado de la reflexión comun y pública sobre los fundamentos del orden social; ella resume las leyes naturales de éste; no domina, pero el poderoso ilustrado se verá obligado a seguir su visión de las cosas.

(…) mientras sus coetáneos ingleses entendían el public spirit como una instancia capaz de forzar al legislador a buscar legitimación, prosigue en Francia el aislamiento de la sociedad respecto del Estado, de tal modo que la función crítica de la opinión publique resta todavía en las cabezas de estos intelectuales estrictamente separada de la función legislativa.

Rousseau, por otra parte, que fundamenta con toda claridad deseable la autodeterminación democrática del público, liga la volontè génèral a una opinión publique que coincide con la opinión espontánea, sin reflexión, con la opinión en sus disposiciones hechas públicas.

El pacto social exige un traspaso sin reservas, el homme se fusiona con el citoyen. (…) la propiedad es a la vez pública y privada, de tal modo que todo ciudadano sólo en calidad de participante en la voluntad común se tiene a sí mismo por súbdito. En consecuencia, la voluntad común no surge de la concurrencia entre intereses privados; una tal volonté de Tous coincidiría con el modo liberal – en el que se presupone la autonomía privada-, modelo liberal que el contrato social estaba precisamente encargado a superar. La volonté général, garantía de un estado de naturaleza restaurado bajo las condiciones de un estado de sociedad, brota, por lo tanto, del estado de naturaleza y penetra salvadoramente ene l estado de sociedad. Así ve Rousseau, contradiciendo a Montesquieu, el espíritu de la Constitución no inscripto en el mármol, ni en el metal, sino anclado en el corazón de los ciudadanos, esto es: en la opinión (“hablo de costumbres, usos y, especialmente, de opinión popular”).

Con el contrato social de Rousseau, la Law of Opinion de Locke se convierte en soberana. La opinión no pública es elevada, bajo el título de otra opinión publique, a la categoría de único legislador, y desde luego con exclusión del público raciocinante. (…) Solo se requiere sano entendimiento humano para percibir el bien común.

La volonté general es ante todo concenso de los corazones que de los argumentos. La sociedad mejor gobernada es aquella en la que las leyes coinciden con las costumbres arraigadas. (…) Así como la opinión es articulada por el censeur en su función de control social, así también ocurre en su función legislativa con el legislateur.

Una democracia directa exige la presencia real de quien es soberano. La volonté general como corpus mysticum está ligada al corpus physicum del pueblo reunido bajo la idea de pebiscito duradero; (…) la place publique en fundamento de la constitución. De él recibe la opinión publique su atributo, es decir, delciudadano reunido en asamblea y dispuesto a la aclamación, no del raciocinio público de un public èclairé. (…) Rousseau quiere la democracia sin pública discusión.

El ejercicio del poder necesita del control permanente de la OP –puesto que “está amenazada por una serie de tentaciones”-; la publicidad de los debates parlamentarios asegura una “supervisión del público”, cuya capacidad crítica se da por sentada: “La totalidad de ellos (the public, le corps publique) constituye un tribunal de mas valor que todos los tribunales juntos.

Bentham: “en un pueblo que haya practicado durante largo tiempo las asambleas públicas, el espíritu común se habrá elevado; las ideas sanas se universalizarán, los prejuicios dañinos, combatidos públicamente ya no por retóricos, sino por hombres de Estado, perderán fuerza […]. La razón y el espíritu de investigación se convertirán en costumbres de todas las clases sociales”.

“En una asamblea elegida por el pueblo y renovada periódicamente, la publicidad es absolutamente necesaria para proporcionar a los señores electores la posibilidad de proceder con conocimiento de causa”.

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