Los orígenes de la Corea moderna

El período Koryo duró entre los años 918 y 1392. En el transcurso de esos más de cuatrocientos años, dejaron un legado muy importante para el futuro de Corea. Su primer líder, Wang Kon, se convirtió en el unificador de los territorios que antes pertenecían a los tres reinos (Korguyo, Paekche y Silla). En este sentido se trasformaron en los primeros en lograr unificar todo el territorio coreano, instalando su capital en Kaesong con un gobierno central estable. Surgió en esa capital, y en general en el reino, una burocracia influenciada por el estilo político confuciano que logró un alto reconocimiento social. Así, tanto los propietarios de tierras como los burócratas eran considerados los ciudadanos de más alto nivel (reafirmando el honor de la burocracia, rasgo que cruzara toda la historia coreana).

Se instaló un sistema de propiedad privada, por el cual la tierra era trabajada por arrendatarios que pagaba n una especie de renta. Este sistema tuvo un fuerte arraigo que perduró hasta la época colonial japonés, pasando por el extenso período Choson. También se dio un fuerte impulso al comercio mercante, ya que Corea contaba con barcos de gran calidad (tradición que se mantiene aun hoy en día).

En cuanto a la religión, el budismo y el confucianismo coexistieron a lo largo de todo el período, dejando así los primeros cimientos de una de las principales características coreanas: el eclecticismo religioso. Por ello no es raro encontrarse a coreanos que son al mismo tiempo confucianos, budistas y cristianos.

La caída de esta dinastía esta relacionada muy de cerca con las invasiones mongolas, que desmoronaron el régimen político instalado en Corea. A pesar de lograr vencerlos y sacarlos del territorio, la dinastía cayó.

Dinastía Choson y neo-confucianismo

En el momento de la caída de Koryo, se inicia la dinastía Choson que será la que más tiempo perdure (entre 1392 y 1910). Se caracterizó por una confucianización de la sociedad coreana, que afectó particularmente a las mujeres (cuestión que permanecería fija hasta avanzado el siglo XX) relegada al “gobierno de la casa”.

Esta modificación de la estructura familiar también se reflejó en la idea de que sólo en el primogénito tenía el derecho exclusivo de herencia de los privilegios y las obligaciones de su padre. Esta confucianización estuvo más ligada al neoconfucianismo, corriente formulada formulado por el filósofo chino Chu Xi. La influencia budista fue dejada de lado en los ámbitos económico y político, ya que la nueva dinastía consideraba que Koryo había caído en gran medida por sus métodos budistas. La influencia China fue particularmente fuerte sobre esta dinastía. Cabe resaltar que su propio comienzo estuvo fuertemente ligado al país vecino.

La organización administrativa también fue un fuerte de esta dinastía. Existía una organización fuerte y centralizada, con magistrados locales colocados por el centro que rotaban con cierta asiduidad para que no existiera un involucramiento personal con los locales. Se configuró un sistema de exámenes que requería, entre otras cosas, el conocimiento exhaustivo de los clásicos confucianos.

Japón, el invasor

Tras la victoria japonesa en la Guerra Ruso-Japonesa, en 1905 Japón establece un protectorado sobre Corea. Este protectorado procuraba el control de Japón sobre las relaciones exteriores coreanas, aunque tras algunos años el protectorado devino en ocupación territorial. Así, desde 1910, la permanencia de Japón en el poder de Corea será un factor clave y determinante para entender el posterior perfil de Corea.

La ocupación se caracterizó por las medidas autoritarias de los japoneses sobre el pueblo coreano. Para empezar, el ejército coreano fue disuelto. En lo económico, los japoneses privatizaron las tierras estatales, explotaron las minas de oro coreanas, se apropiaron de los servicios públicos, las comunicaciones y de los bosques. También tomaron el control de las finanzas (de los bancos), las cuales fueron dirigidas al beneficio de industriales y comerciantes japoneses. En lo social, la ocupación significó el exilio de una gran cantidad de coreanos, la ruptura del sistema socio-cultural vigente hasta ese momento, una leve mejoría en la educación, aunque la lengua coreana fue prohibida. En lo político se buscó desarticular los movimientos nacionalistas (cada vez más prolíficos), y se intento disminuir al mínimo la existencia de la cultura coreana de forma de lograr el mayor predominio. El confucianismo fue eliminado como forma política del Estado, aunque no se pudo eliminar la fuerte influencia de dicha filosofía en los valores morales y culturales

Todas estas medidas hicieron del gobierno japonés, un gobierno poco querido. En ese sentido se produjo una fuerte reacción en la sociedad coreana, en la que nació un fuertísimo sentimiento nacionalista. Desde los sectores educativos y las clases relegadas comenzó a surgir el malestar, el cual se canalizó en protestas sociales. En este sentido, pueden notarse dos características que perduraran en el tiempo: el fuerte sentimiento nacionalista por un lado, y por el otro el ámbito educativo como cuestión fundamental y como nicho del germen revolucionario (en este caso contra la ocupación japonés, en el futuro contra la represión gubernamental coreana a fines del siglo XX).

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