Corea 1960 – 2000

El planeamiento estatal de lo económico y lo social ha sido clave para abandonar la posición de nación atrasada y de producción primaria que ocupaba Corea del Sur luego de la culminación de la guerra civil de 1953, a ser la onceava economía mundial al día de la fecha, teniendo entre sus principales activos a grandes grupos económicos trasnacionales, reconocimiento ante la comunidad académica internacional por parte de sus científicos y una población con un Standard de vida comparable al japonés y por encima del chino.

Con el golpe militar de 1961, empieza un proceso en que el Estado se convierte en el principal garante del crecimiento económico al garantizar, entre otras cosas, la estabilidad política necesaria para el mismo, aunque a costa de libertades políticas y democráticas. Veremos a lo largo del trabajo que dos características de la clase dirigente coreana son versatilidad y pragmatismo ante los desafíos del contexto y de la escasez inherente a la variable recursos naturales, intensificada en una geografía escasamente enriquecida de materiales naturales. Veremos también que una burocracia eficiente le ha permitido una alta efectividad de las políticas públicas gubernamentales.

Al proceso de democratización le es intrínseco una dinámica mucho más compleja y conflictiva pues directamente chocan los intereses de “una clase política individualista” que no se encuentra interesada en abandonar su posición de privilegio dentro del Estado; y las masas populares crecientemente educadas e incluidas en un sistema económico próspero pero carente de libertades y derechos ampliamente difundidos en Occidente.

Desde el golpe militar de Park Chung-Hee en 1961, el gobierno coreano sumó una serie de características que lo hicieron eficientizaron su capacidad de agencia como instituciones estratégicamente teleológicas con cuadros altamente calificados, conjunto a empresas familiares en asociación con el Estado, devenidas a la postre muchas de ella en multinacionales. Aunque con importantes costos en las libertades democráticas y políticas, la política represiva le fue útil al dictador Park para mantener unido al país bajo una sola bandera ideológica, la anti-comunista y cumplir (con el rigor que merecía la empresa) con los pasos fundamentales del plan hacia la modernización, del cual es el Estado ha sido el principal estratega.

A su pragmatismo, su versatilidad, su búsqueda de la estabilidad política y su burocracia profesional altamente calificada y responsable, debe agregársele también la particularmente favorable coyuntura internacional que acompañó los primeros años del desarrollo, gracias al soporte monetario brindado por EEUU. La alianza con la República de Corea era de vital importancia para los EEUU no por los beneficios comerciales que ésta pudiera traer, sino porque establecería allí una presencia física e influyente en una región se limita con Corea del Norte, China, la Unión Soviética y Japón nada menos, teniendo presencia física militar permanente tanto en Corea como en el derrotado por éste en la Segunda Guerra Mundial.

La calidad del sistema educativo coreano moderno, masificado y productor de mano de obra calificada, cimentó al país de los conocimientos y la voluntad necesarios para encarar una modernización a un ritmo acelerado de una tasa de crecimiento del PBI del 8% durante el decenio de 1960.

La suma de un Estado fuerte (con gran injerencia en la economía), de cuadros burocráticos eficaces y de una “elite desarrollista”, posibilitó el crecimiento industrial articulado en planes quinquenales. El primero de estos (1962-1966), se basó en la sustitución de importaciones, con una industria intensiva de mano de obra, y el apoyo de EEUU. El segundo plan (1967-1971), se caracterizó por una estrategia de exportaciones, para el ingreso de divisas al país. El tercero (1972-1976), se concentro en las industrias pesadas y químicas; aunque debió lidiar con el golpe de las crisis del petróleo. El último plan quinquenal (1977-1981) se basaría en la alta tecnología, pero debió ser postergado por la muerte de Park Hung-Hee en 1979.

El éxito de estos planes tiene su origen en un Estado que intervino en forma intensa y constante en la asignación de recursos del mercado para alcanzar las metas establecidas. Entre sus principales políticas figuró la nacionalización de gran parte de los bancos existentes, lo que posibilitó el acceso a créditos por parte de aquellos empresarios interesados en impulsar ciertas actividades industriales, consiguiendo en ellos la herramienta de estímulo para la orientación de los sectores productivos funcionales a los objetivos de la planificación.

Prestó especial interés en aumentar los ingresos impositivos a través de la limitación de las exenciones impositivas y el aumento de los impuestos más progresivos; además, para conseguir un mayor desarrollo local, buscó incentivar el ingreso de capitales extranjeros que desearan invertir en la industria liviana. Por otro lado impulsó la monetización de la economía a través de una política de tasas de interés alta. De esta forma consiguieron darle un incentivo a las exportaciones con valor agregado.

Es resultado fue exitoso, pero con la llegada de la década del setenta el contexto internacional dejó de ser tan favorable. Entre diversos factores, el impacto en la economía nacional de las crisis del petróleo en 1973 y 1979 fue significativo. Ante los imperativos de la coyuntura se decidió dar, por parte del Estado, un nuevo paso en la modernización al ambicionar reconvertir la industria liviana en una pesada y química. Así el mismo comenzó a impulsar el desarrollo de aquel nuevo tipo de industria, y para ello volvió a hacer uso de las herramientas económicas a su alcance como políticas fiscales y crediticias, de tasa de interés, impositiva y de tasa de cambio, entre otras. Los resultados fueron en aspectos generales los buscados y la industria pesada pasó a liderar la producción coreana.

El homicidio del líder del Estado Park Chung-Hee a manos del director de la Agencia de Inteligencia, Kim Jaekyu, se da un importante cambio en la vida del país debido a que, a pesar de que el nuevo régimen no tenia intención alguna de cambiar la política autoritaria, la transformación del contexto internacional y la nueva fuerza que fueron adquiriendo los movimiento en busca de la democracia (después del “incidente de Kwangju” en 1980), se hace manifiesta y prioritaria la demanda social de liberalización política y económica; en las especificidad del reclamos se encontraban las demandas de mayor libertad al mercado, reducción de la intervención directa en la economía y políticas de promoción de la competencia. El alcance de las exigencias fue tal que hasta se lleva a cabo la privatización de los bancos.

Para fines del los ´80 la sociedad civil y movimientos sociales revitalizan su poder y reverdecen exigencias de reivindicaciones sociales y políticas. La consecuencia de la reacción popular provocó “la promesa de democratización del 29 de Junio” en la cual el Estado se vio forzado al comienzo del período de transición democrática.

Con el voto popular directo de 1992 Kim Young Sam se convierte en el primer presidente civil de Corea del Sur, lo cual rompe con una tradición de control político por parte de cuadros oriundos de filas castrenses.

A solo un año de su ingreso en la OECD, en Noviembre de 1997, el país debió hacer frente a una de las más importantes crisis económicas de su historia, lo que obligo al gobierno civil a pedir asistencia financiera al Fondo Monetario Internacional. Es aquí, donde se percibe que a pesar de no contar con mecanismos autoritarios de gobiernos anteriores (y de tener que convivir con nuevos actores, como la prensa), el Estado no pierde su practicidad y su versatilidad, ya que en solo 2 años (con un paquete de medidas de ajuste en todos los sectores económicos) logra devolver el préstamo y recuperar el crecimiento.

Bibliografía:

-Juan José López Aymes, “Transición política en Corea del Sur: el cambio hacia la democracia”, en Ramírez Bonilla coord. Crisis y transiciones en Asia del Este, Colmex, 2002.

-Kang Moon Soo, “El desarrollo económico coreano y el rol del Estado”, en Nuevas perspectivas en la península coreana tras la crisis asiática, Silvert/Santarrosa comp. Comunicarte Ed. 2003.

-Mera Carolina (compiladora), Estudios coreanos en América Latina, Selección de capítulos. Ed. Almargen, La Plata.

-Kim, Jong Ho, “Los partidos políticos y el proceso d democratización en Corea del Sur” en Desarrollo económico y democratización encorva del Sur y el Noreste Asiático, Córdoba, 1998

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