El sentido de la Historia y lo político

Maquiavelo sostenía que un gran político tenía que ser a su vez un gran historiador, y abordar a la historia en forma teleológica o genealógica repercute sobre las condiciones de probabilidad de lo que está por venir. Definir que la Historia ha concluido, que lo que resta esperar es la victoria final del espíritu universal (o la cristalización del plan secreto de la Naturaleza, que en el esquema del análisis que se pretende presentar en el presente trabajo no remiten a cosas sustancialmente diferentes) es radicalmente distinto a plantear que el motor de la misma es la guerra de las interpretaciones, de las voluntades de poder.

La concepción del fin determina el sentido, quien o estará orientado a contribuir a una realización de antemano garantizada o a potenciar una voluntad (en tanto fuerza vital) que se buscará dominante. Lo diferente radica en la naturaleza de la acción, racional afirmativa para Kant y Hegel y trágica y opaca para la perspectiva genealógica nietzcheano-foucaulteana que concibe la esencia de las cosas como algo inabarcable para la finitud humana y remite al centro del debate la configuración corrupta y netamente histórica de los valores, que en tanto que construcciones humanas, sólo son garantía de dominancia de una voluntad de poder por sobre las demás.

He allí la importancia del debate sobre el sentido en la Historia y del espejo de lo político como el reflejo público de tal devenir.

El plan oculto de la Naturaleza

En 1784 Immanuel Kant publica Idea de una historia universal en sentido cosmopolita, la cual sostiene la hipótesis que la libertad de la voluntad se encuentra determinada por las leyes generales de la Naturaleza, que debe ser considerada como el juego de la libertad humana en grande, en donde lo perceptible es el desarrollo lento pero continuo de sus disposiciones originales. El estilo de exposición es a través de principios los cuales formalizan y profundizan sobre la idea anterior.

El primer principio da cuenta de que “todas las disposiciones naturales de una criatura están destinadas a desarrollarse alguna vez de manera completa o adecuada”. El segundo principio que “en los hombres (en tanto únicas criaturas racionales sobre la Tierra) aquellas disposiciones naturales que apuntan al uso de su razón, se deben desarrollar completamente en la especie y no en los individuos”.Lo complementa el tercero al agregar que “la Naturaleza ha querido que el hombre logre completamente de si mismo todo aquello que sobrepasa el ordenamiento mecánico de su existencia animal, y que no participe de ninguna otra felicidad o perfección que la que él mismo, libre de instinto, se procure por la propia razón”.

El cuarto principio sostiene que “el medio de que se sirve la Naturaleza para lograr el desarrollo de todas sus disposiciones es el antagonismo de las mismas en sociedad, en la medida en que ese antagonismo se convierte a la postre en la causa de un orden legal de aquellas”. Mientras que el quinto reconoce que “el problema mayor […] consiste en llegar a una sociedad civil que administre el derecho en general” y en el sexto que el horizonte es una constitución civil perfecta, mediante la legal relación internacional entre Estados.[1]

Sentido de la Historia para Kant es, por tanto, un fenómeno extrínseco al ser humano, existe “algo más” que ha dotado al hombre de una potencialidad insólita para el reino de los vivos y los desconocidos límites de la Razón son la garantía de realización de la gran aldea mundial, garantizándose en pactos de no agresión entre los diferentes Estados.

Historia universal, o el proceso de realización del espíritu universal

La gran irrupción, en términos conceptuales, que efectúa Hegel con respecto a Kant, pasa por la noción de vida. La vida como un médium, un fluido universal, y cuya empresa principal de su obra es establecer un discurso que refleje adecuadamente lo que es la vida. Eso va a terminar en que la vida tenga dos sentidos: la vida como fenómeno natural y la vida como expresión espiritual.

En tanto que fenómeno natural la conciencia desgraciada es la conciencia de la escisión, es saberse escindido de la vida, el encontrarse extraño con respecto a la vida, y la escisión con respecto a los demás y con respecto a uno mismo. Es toda conciencia finita que no alcanzó la sabiduría a partir de la cual se va a dar cuenta de que es él simplemente una expresión de una totalidad que se desarrolla de un modo a través de él, y se expresa también a través de él. Es conciencia desgraciada, después alienación. Que la autoconciencia solo alcance su satisfacción en otra autoconciencia remite a la necesidad del plano espiritual que va a tener lugar solamente en el plano de la Historia.

El concepto de espíritu debe ser entendido como un yo que es un nosotros y un nosotros que es un 

  1. yo. Esto es lo que después va a ser conciente el esclavo, que él en realidad solo esun yo dentro de un nosotros (que es resultado, en definitiva, de una serie de relaciones que tienen que ver no solo con lo que me rodea sino con un momento de la historia de la humanidad), además de que “el nosotros es un yo a su vez” y esto es lo que hace a la idea de espíritu. Toda esa multiplicidad de seres humanos a lo largo de la historia, es un yo, debe ser concebido y pensado bajo la lógica de un sujeto que se esta definiendo a si mismo.

Por tanto, la Historia es el resultado de la dialéctica de los Estados, pueblos e individuos que son concientes de sus intereses particulares, enraizados en una peculiar constitución y situación. Al perseguir y lograr esos intereses particulares, hacen avanzar el espíritu universal del que son inconcientes. Es menester entender al Estado en su significación en si, es decir como imagen y realidad de la razón, como intersubjetividad organizada, como mundo ético y ámbito de realización de los individuos.

“La Historia es la configuración del espíritu en la forma del acaecer […] por eso los estadios del despliegue existen como principios naturales inmediatos […] uno fuera del otro, y ello de tal manera que a un pueblo le corresponde uno de ellos: su existencia geográfica y antropológica (Hegel, 1993: § 346)” [2]

Acaecer refiere a la forma de manifestación en donde se presentada como un acontecimiento circunstancial, se despliega en estadíos que parecen obedecer a “principios naturales inmediatos”, separados unos de otros. A cada uno de los pueblos le correspondería uno de esos principios naturales inmediatos.

Hegel es el primero en decir que el sujeto es relación. No hay sujeto si no es en el orden de una comunidad, no hay sujeto si no es intersubjetivo. El reconocimiento universal se va a dar en la medida que la naturaleza racional sea considerada siempre un fin y no un medio, esto es en la medida en que la revolución francesa postule finalmente al hombre libre en tanto hombre. Es un fin y es un hombre, en la medida que es un ser racional. Este es el momento en que se realiza el espíritu, el espíritu se encuentra satisfecho. Es el momento en el que, para el espíritu, ya no hay conciencia desgraciada, ya no hay más inadecuación. Todos somos hombres, libres e iguales.

“Al pueblo que le corresponde semejante momento como principio natural se le recomienda la realización del mismo en el progreso de la autoconciencia desplegada del espíritu universal. Este pueblo es el dominante en la historia universal de esa época, y en ella solo puede hacer época una vez. Ese pueblo tiene el derecho absoluto […] los espíritus de los otros pueblos carecen de derecho. (Hegel, 1993: § 347)” [3]

El giro hegeliano no se puede entender sino como una conceptualización y una afirmación de la revolución francesa, cansarse de pensarse y decidirse a hacerse da cuentas de que de alcanzar un pueblo el estado de espíritu, lo legitima para lanzarse a la proeza de la emancipación cultural, política y económica; mientras que la teleología histórica sigue siendo la garantía de victoria de los movimientos progresivos, en tanto que los acontecimientos que no se encuadren en esta linealidad serán catalogados como “astucias de la Historia” .

Revolver los bajos fondos

“La historia pertenece al que quiere actuar, al poderoso, a aquel que mantiene una gran lucha y necesita modelos o consuelo, mientras que, paralelamente, no es capaz de encontrarlos ni entre sus camaradas ni en el presente.”[4]

Para Nietzche la Historia es el cuerpo mismo del devenir, reconoce elementos ahistóricos e histórico igualmente coconstitutivos del individuo, el pueblo o la cultura; supone que el hombre sólo llega a ser hombre en tanto que pensando, reflexionando, comparando, separando y sintetizando limita ese elemento ahistórico; sentenciando que ningún pueblo logrará la libertad anhelada sin antes haberla deseado y anhelado en un estado ahistórico al cual hace referencia en sobre la utilidad y el prejuicio de la historia para la vida.

La esencia de la Historia fue construida pieza por pieza a partir de figuras que le eran extrañas. Complementando lo anteriormente sostenido, Foucault sostiene que la Historia es hecha y esta dirigida a la plebe por lo que el discurso que la constituye se parece mucho al del demagogo “[…] (quien) está conducido a la negación del cuerpo con el fin de establecer la soberanía de la idea intemporal; el historiador está conducido a borrar su propia individualidad para que los otros entren en escena y puedan tomar la palabra.”[5] Es decir que existe una verdad de las cosas que se enlaza con una verdad de los discursos que la oscurece al mismo tiempo y la pierde. Dará cuentas de una proliferación milenaria de errores en la formulación de los valores idílicos de Occidente.

Los historiadores buscan, en la medida de lo posible, borrar lo que puede traicionar el lugar desde el cual miran, el momento en el que están, el partido que toman; si la verdad es patrimonio exclusivo de los dioses, la subjetividad del historiador (aún implícita) es inherente al relato. Sin embargo el sentido histórico desde un enfoque nietzscheano se sabe perspectiva, y por tanto, no rechaza el sistema de su propia injusticia.

El relato histórico puede adoptar tres formas: La Historia monumental tiene como tarea restituir las grandes cumbres del devenir, mantenerlas en una presencia perpetua, reconstruir las obras, las acciones, las creaciones según el monograma de su esencia íntima. La Historia de anticuario: tiene como característica el énfasis en reconocer las continuidades en las que se enraiza nuestro presente, y por lo tanto conservar, en nombre de las generaciones futuras, las condiciones en las cuales se ha nacido. “La historia anticuaria se petrifica justamente en el momento en que la frescura vital del presente ha dejado ya de animarla y entusiasmarla.”[6] Por tanto la Historia crítica (de la cual Nietzche es partidario) tiene como principal tarea el llevar el pasado a juicio aún sabiendo que su sentencia es injusta porque no ha surgido de ninguna fuente pura de conocimiento. Sería una búsqueda de una segunda naturaleza, o una naturaleza resignificada y revalorada. Mientras que hacer genealogía sería ocuparse de los azares y meticulosidades de los comienzo revolviendo los bajos fondos.

Pero específicamente ¿cuál es el objeto propio de la genealogía?, según Foucault en Microfísica del poder, por un lado es la herkunft (la vieja pertenencia a un grupo, la procedencia). Dirá que seguir la filial compleja de la procedencia, es mantener lo que pasó en la dispersión que le es propia: es percibir los accidentes, las desviaciones ínfimas, descubrir que en la raíz de lo que conocemos y de lo que somos no están en absoluto la verdad ni el ser, sino la exterioridad del accidente. Mientras que el cuerpo debe considerarse como una superficie de inscripción de los sucesos (mientras que el lenguaje los marca y las ideas los disuelven), lugar de disociación del Yo “(…) la genealogía, como el análisis de la procedencia, se encuentra por tanto en la articulación del cuerpo y de la historia. Debe mostrar al cuerpo impregnado de historia, y a la historia como destructor del cuerpo”[7].

Un segundo objeto de la genealogía es la entstehung (emergencia, punto de surgimiento). Argumenta que situando el presente en el origen, la metafísica obliga a creer en el trabajo oscuro de un destino que buscaría manifestarse desde el primer momento. Mientras que la genealogía, por su parte, restablece los diversos sistemas de sumisión: no tanto el poder anticipador de un sentido cuanto el juego azaroso de las dominaciones.

Es decir que mientras que herkunft designa la cualidad de un instinto, su grado o su debilidad, y la marca que éste deja en un cuerpo, entstehung designa el lugar del enfrentamiento.

Que hombres dominen a otros así es como nacen las diferencias en los valores, que unas clases dominen a otras, y es así como nace la idea de libertad. La regla es el placer calculado del encarnizamiento, es la sangre prometida. Ella permite relanzar sin cesar el juego de la dominación. “(…) la humanidad no progresa lentamente hasta una reciprocidad universal en la que las reglas sustituirán para siempre a la guerra; instala cada una de estas violencias en un sistema de reglas y va así de dominación en dominación.”[8]

Sostendrá, además, que si interpretar es ampararse, por violencia o subrepticiamente, de un sistema de reglas que no tiene en sí mismo significación esencial, e imponerle una dirección, plegarlo de una nueva voluntad, hacerlo entrar en otro juego, y someterlo a reglas segundas, entonces el devenir de la humanidad es una serie de interpretaciones; y que “si la genealogía plantea por su parte la cuestión del suelo, la lengua, las autoridades, es para resaltar los sistemas heterogéneos, que, bajo la máscara de nuestro yo, nos prohíben toda identidad.”[9] 27

Conclusión

A juzgar por lo descrito, la sucesión de los procesos históricos humanos da cuentas de que la óptica genealógica es más rica la hora de analizar aquello que ha acontecido. Existen elementos comunes en los procesos emancipatorios (el proyecto del reino de Dios de Jesús, el ideal libertario de la Revolución francesa, la utopía comunista de las Revoluciones Proletarias, entre los más relevantes) que dan cuenta de una forma de ejercer el poder por parte del ser humano. El hecho de que todos esos postulados hallan terminado en regímenes de dominación, sean éstos eclesiásticos o laicos, remiten a una voluntad explícita de la naturaleza humana de construir un esquema de poder que haga explícita la relación gobernante/gobernado o dominante/dominado, según se puede observar en las manifestaciones de la microfísica del poder y en la estructuración de los bloques dominantes producidos luego de los quiebres históricos.

Si existe una voluntad ulterior que destine al hombre a la elevación espiritual quedará librado al propio devenir histórico, aunque desde el punto de vista del aquí y ahora a la hora de interpretar la capacidad de agencia humana conviene entender a los procesos históricos como un combate sin cuartel por la imposición de una interpretación dominante.

[1] Principios extraídos de Kant, Immanuel Idea de una historia universal en sentido cosmopolita 1784

[2] Dri, Rubén, La rosa en la cruz; ed. Biblos, 2009, pág 219

[3] Dri, Rubén, La rosa en la cruz; ed. Biblos, 2009, pág 221

[4] Nietzche, Friedrich; Sobre la utilidad y el prejuicio de la historia para la vida, 1874, pág. 47

[5] Foucault, Michel; Nietzche, la genealogía de la historia, en Microfísica del poder, ed. De La Piqueta, 1979, pág. 23

[6] Nietzche, Friedrich; Sobre la utilidad y el prejuicio de la historia para la vida, 1874, pág. 64

[7] Foucault, Michel; Nietzche, la genealogía de la historia, en Microfísica del poder, ed. De La Piqueta, 1979, pág 14

[8] Foucault, Michel; Nietzche, la genealogía de la historia, en Microfísica del poder, ed. De La Piqueta, 1979, pág 17

[9] Foucault, Michel; Nietzche, la genealogía de la historia, en Microfísica del poder, ed. De La Piqueta, 1979, pág 27

[10] Foucault, Michel; Nietzche, la genealogía de la historia, en Microfísica del poder, ed. De La Piqueta, 1979, pág 27

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