Opinión Pública, o de cómo interpretar a los medios de comunicación

La Modernidad atribuye a la opinión pública la función de legitimar el dominio político por medio de un proceso crítico de comunicación sustentado en los principios de la argumentación y del consenso racionalmente motivado. Respecto a como ha de ser pensado el concepto opinión pública existen, hoy día, dos teorías que gozan del consenso del mundo académico. La teoría de la espiral del silencio, representada en Noelle-Newman y la teoría normativa, cuyo principal exponente es Jurgen Habermas.

Si para Noelle-Newmann el consenso social supone el correlato del miedo al aislamiento, para Habermas deriva de la acción comunicativa, esto es, de una orientación que responde al interés cognoscitivo por un entendimiento recíproco y al interés práctico por el mantenimiento de una intersubjetividad permanentemente amenazada.

Si dentro de la teoría normativa el lenguaje es concebido como la garantía de la democracia, ésta puede ser definida como la forma política derivada de un libre proceso comunicativo dirigido a conseguir acuerdos consensuales en la toma de decisiones colectivas. Trasladada a la opinión pública, la acción comunicativa designa aquellas instancias críticas en las que los ciudadanos establecen un diálogo público emancipado de coerciones y conducente a la justificación discursiva de las normas de acción de las instituciones políticas.

En tanto, la teoría normativa de la democracia se ocupa de la subsistencia de las condiciones comunicativas bajo las cuales pueden realizarse una formación discursiva de la voluntad y de la opinión de un público integrado por ciudadanos de un Estado.

La base de los procesos de la opinión pública dentro de la teoría de la espiral del silencio reside en el principio psicológico del miedo al aislamiento social, de manera que la opinión pública viene constituida por aquellas opiniones sobre temas controvertidos que pueden expresarse en público sin aislarse.

Argumenta la mencionada teoría que las corrientes de opinión mayoritarias presentan una tendencia natural a incrementar el número de adeptos, mientras que las minoritarias tienden a la inversa; es decir que aquellos que son portadores de opiniones discrepantes de las percibidas como mayoritarias optan, dada la presión social del miedo al aislamiento, por silenciar sus verdaderas opiniones, lo que genera la sensación de que las tendencias dominantes se encuentran más extendidas de lo que realmente están. Con respecto a los indecisos, se vuelcan a la tendencia de moda como regla general.

La competencia cuasi-estadística de los individuos de evaluar el clima de la opinión, y la traducción de esta evaluación en la expresión o el ocultamiento público de las opiniones, conducen al conocimiento contextualizado de la opinión pública. Ella es nuestra “piel social”: ver al concepto como control social permite vincular entre si el nivel individual y el social por medio de la noción de clima de opinión, es decir, el marco social en el cual se produce la transformación de la suma de las opiniones individuales en opinión pública a causa de la continua interacción social de personas.

Aclarar los alcances del concepto permite encuadrar de mejor manera el rol de los medios de

comunicación dentro de la transmisión de noticias hacia un público deseoso de información. Si, observando la realidad desde la teoría normativa, interpretamos que la no prestación (o la prestación de forma selectiva) de los servicios comunicativos al debate de ideas, y por consiguiente al fomento de un público raciocinante; podremos argumentar que es a causa del beneficio del emisor que se produce tal fenómeno, ya que quien se encuentra perjudicada es la opinión pública que ve impedida su reproducción dinámica al serle negada la precondición excluyente de debate abierto raciocinante.

Ahora si, por el contrario, utilizando la teoría de la espiral del silencio definimos que existe intencionalidad desde los medios de comunicación masiva en instalar una opinión que pretende ser mayoritaria, viésemos que hay agentes que se ven beneficiados en que la opinión pública prime un atributo específico de un personaje a fin de alterar su apreciación dentro del público; podriamos argumentar, entonces, que existe una determinación de los emisores hacia los receptores a fin de instalar en él un discurso dominante que fagocite las críticas o aspectos contrarios a lo que uno pretende instalar, o las presente como una opinión minoritaria en tendencia decreciente. De una u otra manera estudiar el rol de los medios no es secundario al objeto de de determinar qué es lo que se quiere decir cuando se dice. ahora ¿qué hacemos? ¿buscamos un debate inteligente y constructivo o nos presentamos al público con ambición de ser mayoria?, porqué no ambas.

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