Un sistema electoral alternativo para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Trabajo Práctico. Sistemas electorales y partidos políticos, de Riz, 2do cuatrimestre de 2010.

Dado que la Ciudad de Buenos Aires todavía no cuenta con una ley electoral propia:

¿Qué sistema electoral sugeriría y por qué? Desarrolle una propuesta alternativa que sea factible y realista. Para ello tenga en cuenta las exigencias constitucionales respecto de la proporcionalidad y las acciones afirmativas de género.

Se entiende por sistema electoral al procedimiento que se utiliza para transformar votos en bancas; las partes constitutivas del mismo son: la magnitud de distrito, el tipo de lista, la clase de voto y el mecanismo de conversión de votos en escaños. Magnitud de distrito es el tamaño de la circunscripción electoral sumado a la cantidad de cargos en juego. Lo que propongo es utilizar la división distrital planteada en la ley 1777 de la Ciudad de Buenos Aires (Ley de Comunas) para la elección de legisladores porteños dividiendo una cantidad prefijada de bancas en juego y la población comunal, variando así la cantidad de votantes necesarios para habilitar un reordenamiento representativo (ver anexo 1).

La elección de una plurinómina se debe a que el fin perseguido es la representatividad antes que la formación de mayorías y bastiones electorales, puesto que la Constitución Nacional versa explícitamente lo siguiente en el artículo 38: “… esta Constitución garantiza su organización y funcionamiento democráticos (por los partidos políticos), la representación de las minorías, la competencia para la postulación de candidatos a cargos públicos electivos, el acceso a la información pública ya la difusión de sus ideas”; mientras que respecto a la cuestión genérica, la Carta Magna sostiene en su artículo 37: “… la igualdad real de oportunidades entre varones y mujeres para el acceso a cargos electivos y partidarios se garantizará por acciones positivas en la regulación de los partidos políticos y en el régimen electoral”. Debido a estas prescripciones es que sería inconstitucional una magnitud de distrito uninominal pues no se garantizaría la representatividad de las minorías ni la cuestión de género.

Para elección a cargos ejecutivos y nacionales la Ciudad de Buenos Aires continuaría siendo distrito electoral único, pues se busca que representen los intereses de la Ciudad ante la Nación y no necesariamente los de la comuna. El tipo de lista que considero más correcto es una lista cerrada y desbloqueada, con sistema de preferencias intrapartidarias de desearlo el votante. Sumado esto a una boleta única (pues el número de partidos en competencia se restringe luego de las primarias abiertas, obligatorias y simultáneas planteada por la reforma a la Ley de Partidos Políticos, ley 26.571) lo cual reduce la cantidad de agrupaciones en disputa y, sumado a tener circunscripciones electorales pequeñas (máximo de 5 bancas) permitirá una mayor legitimidad del acto electoral. No es arbitraria la elección de boleta única para cargos locales pues esto alivianaría la fiscalización al facilitarse la cooperación interpartidaria, se evitarían las denuncias por robo de boletas y se desvincularía a los partidos pequeños del costo de la impresión de boletas locales. El tipo de voto es único pero con opción a preferencia intrapartidaria. Las preferencias serán habilitadas si el 25% de los votantes han optado por ellas, mientras que el posicionamiento inicial de la lista estará determinada por las mencionadas internas.

Con respecto al cupo sugiero que sea simétrica la participación masculina-femenina; es decir que en una terna habrá un mínimo de una mujer y con 4 y 5 candidaturas en juego 2. Para cargos legislativos nacionales se respetará la ley 24.012 “de género”. Con las preferencias se podría argumentar que se puede llegar a restringir el acceso femenino al Congreso local, lo cual puede ser verdad aunque lo que se busca es una igualdad de condiciones en la competencia y que luego la ciudadanía decida. La fórmula utilizada para el reparto de escaños es la D’hondt, en donde los votos afirmativos válidamente emitidos se dividen por la cantidad de escaños, lo cual dará un cociente que es la cantidad mínima de votos para conseguir un cargo en juego. Al haber pocas bancas en juego a nivel legislativo local se genera una barrera natural variable dependiendo la comuna, por lo que sería innecesario arbitrariamente colocarlas por ley.

El sistema d`Hondt es el más proporcional pues a menor cociente mayor proporcionalidad, además de que a mayor sencillez de la fórmula, mayor será la legitimidad del escrutinio, es importante no descuidar este punto. En el reparto de restos sugiero utilizar el sistema del resto mayor por el hecho de cumplir con la prerrogativa constitucional de favorecer a los partidos más pequeños, lo que este sistema plantea es que al quedar bancas vacantes en el reparto por cociente se privilegia quien ha quedado con mayor “sobrante” de votos, lo cual favorecería a alguna agrupación que ha quedado a pocos votos de alcanzar el cociente. Elabore un dictamen que contemple cómo estos cambios afectarían a la competencia política del sistema partidario, a la aplicación de la ley de cuotas de género y a la organización interna partidaria.

Los sistemas electorales no son absolutamente determinantes en sí puesto que “dependen de condiciones socio-estructurales que, a su vez, se encuentran n proceso de transformación aún cuando sea evidente que esta transformación se realiza de modo paulatino y que el factor socio-estructural parece ser estable en comparación con las influencias político-coyunturales” (Nohlen, 1981), es decir que no es mas que un factor entre otros que influyen en la configuración de un sistema de partidos, su importancia es variable. Los sistemas electorales se distinguen entre si según la intensidad con que tienden a reducir el número de partidos y a favorecer a los mas fuertes, mientras que a su vez también se distinguen por el modo en que se ordena a las diversas facciones parlamentarias; por lo que el sistema electoral y el sistema de partidos estructurado bajo su influencia contribuye a configurar la decisión electoral.

Sartori por su parte sostiene en Elementos de la teoría política que el sistema de partidos políticos es un instrumento de canalización del electorado, y es determinado por el sistema electoral pues éste “ejerce una influencia manipuladora sobre el elector ya que se encuentra presionado a votar como vota”. Cuanto mayor sea la presión mas influyente será el sistema, y a mayor proporcionalidad menor influencia. En tanto el autor sostiene que para analizar un sistema de partidos sólo se deben tener en consideración a aquellos con relevancia sistémica, es decir con potencial de coalición y/o intimidación; Sartori denomina a estos partidos “estructurados”. A su vez la relación formato/características sistémicas dará tres escenarios: una mecánica bipartidista (lo cual sentencia que el partido tiene capacidad para un monogobierno), habrá un pluralismo moderado en tanto haya oscilaciones bipolares entre gobiernos de coalición y, por último, un pluralismo polarizado en donde sean tajantes las diferencias ideológicas entre las agrupaciones con relevancia.

También la combinación entre sistema electoral (SE) y sistema de partidos políticos (SPP) dará escenarios diversos de acuerdo a las características de los mismos. A SE y SPP fuerte habrá un efecto reductor del SE; si SE débil (proporcional) y SPP fuerte habrá un efecto de bloqueo reequilibrante del PP. Mientras que a SPP débil y SE fuerte lo que ocurriría sería un efecto reductor de bloqueo a nivel de circunscripción electoral, y a SPP y SE débil el efecto es nulo. Teniendo como soporte las explicaciones dadas por los autores citados, la aplicación de una regulación como la que planteo sobre la Ciudad de Buenos Aires traería aparejado un cambio en la composición de la Legislatura y una mayor regionalización de la política porteña.

La aplicación de un sistema de preferencias busca un mayor protagonismo por parte del elector quien tendrá la posibilidad de reconfigurar la lista partidaria, paliando así los efectos de la “primaria” y posibilitando la unidad partidaria puesto a que si bien pueden contemplarse divisiones internas durante la campaña entre candidatos, sucede que necesariamente deberán estimular el voto hacia la agrupación, favoreciendo también (al tratarse de listas que no superan los 5 candidatos) la publicidad de los mismos; al mismo tiempo de estimular la focalización de la política en las comunas y, ergo, una mayor preponderancia por asuntos locales.

Las condiciones socio-estructurales porteñas hablan de un electorado oscilante, aunque en el anexo 2 figure siempre el mismo ganador. Cabe recordar que las elecciones del 2005 fueron meses después de la tragedia de Cromagnón, que en las elecciones 2007 la imagen positiva del gobierno nacional era alta y Macri no tenía rivales naturales, y en 2009 la aparición de la figura carismática de Fernando Solanas fueron factores determinantes dentro del electorado “indeciso”.

Relevantes hay, hoy por hoy, dos partidos porteños (PRO y Proyecto Sur) y dos fuerzas nacionales, una estancada (Coalición Cívica-ARI) y otra en decadencia (Frente para la Victoria) con capacidad de coalición, por lo que no se puede hablar de bipartidismo. Ideológicamente salvo el PRO que se define como centro-derecha/progresista, las demás fuerzas lo hacen como centro-izquierda/progresistas; es decir que no existen enormes diferencias sustanciales, sino más bien de forma y procedimiento. Estaríamos aquí en presencia de un pluralismo moderado con oscilación del electorado de centro-izquierda debido a las vicisitudes de las fuerzas que lo representan y debido, también, a la no existencia de otra fuerza de centro-derecha que dispute electorado al partido gobernante. En este punto la competencia comunal y la representación proporcional pueden estimular la emergencia de nuevas voces en ambos espectros ideológicos. Luego al contar con un SE fuerte/débil según la clasificación de Sartori y un SPP fuerte/débil, será moderadamente bajo el efecto reductor del SE sobre los partidos pues las magnitudes de distrito pequeñas naturalmente colocan una barrera superior al 5%, aunque cabe la posibilidad del acceso de hasta 5 agrupaciones distintas; sabiendo que con cumplir con el cociente en un distrito se asegura la banca y el reparto del resto mayor favorece a las minorías.

El punto gris sería que a mayor padrón mayor cociente, aunque estaría paliado por un aumento en la masa de votantes a seducir. La cuestión de género es central en primera instancia, pues se busca una presencia equitativa en la lista tanto de hombre como mujeres (si bien el porcentaje desfavorecerá a alguno en nominaciones impares) con alternancia consecutiva entre hombre y mujer. El punto es que no se garantiza la presencia parlamentaria pues las preferencias pueden determinar que (en una situación ideal) el resultado de que los electos pertenezcan al sexo masculino, aunque estaría dado por voluntad de los electores y no por matemática electoral, además sabiendo que la constitución garantiza igualdad en la competencia.

Un caso empírico sobre voto preferencial es el italiano. En este ejemplo las preferencias en promedio son utilizadas en el 30% de las boletas. En síntesis, la preferenza ha provocado el surgimiento de centros de poder autónomos de la organización central partidaria, conformando verdaderas oligarquías del poder y la extorsión hacia el partido per se. Como se sostiene al principio de la respuesta, cada sociedad tiene sus particularidades y la porteña no es similar a “las Italias” (pues se podría discriminar entre el sur, el mezzogiorno y el norte, con características particulares cada una de ellas). La homogeneidad cultural de la ciudad hace que no haya una asimetría muy poderosa entre sectores más bajos y más pudientes, aunque habría que tener mucho cuidado en algunas zonas del sur de la ciudad como Villa Lugano, Mataderos, Flores, Liniers.

El patronazgo y las prácticas clientelares refieren más a un problema de cultura política y necesidades insatisfechas que a un sistema electoral corrompido; por lo que si bien son factores a tener en cuenta, escapan al objetivo de este trabajo. Luego la cohesión interna partidaria estará sujeta mas a mecanismos internos que a impedimentos legales, pues si emergen figuras partidarias con capacidad de liderazgo y escisión es una cuestión interna. La ley obliga a votar por agrupación por lo que no se subestima su rol, aunque privilegia la voluntad del ciudadano por elegir quién de la lista prefiere. El voto preferencial intrapartidario combinaría así las directivas partidarias y los reclamos del elector; a la vez que el ciudadano podría ejercer control sobre sus representantes sin caer en el personalismo de la política. Los partidos políticos serían actores relevantes del proceso político y podría esperarse una mejor calidad legislativa. Aunque eso estaría también atado a otras variables igualmente influyentes como el proceso de designación de la candidatura y el modo de financiamiento de la campaña.

¿Estaría de acuerdo en apoyar un proyecto que introduzca el sistema de boleta única para las elecciones distritales? ¿y de voto electrónico? ¿Qué ventajas y desventajas presentaría la introducción de uno u otro? Fundamente su respuesta.

Hace tiempo que se encuentra instalado en la opinión pública el debate por la legitimidad de las listas sábana, debate que es bien clarificado en el artículo “Lista sábana, preferencias y tacha (1997)” de María Inés Tula y Miguel de Luca. En él se define a la lista sábana como horizontal o vertical. La crítica a la lista horizontal remite al efecto “arrastre” que puede provocar una boleta de varios cuerpos, perjudicando así a agrupaciones locales que no presentan candidatos en todas las instancias y beneficiando a los partidos grandes al dificultar la tarea del voto cruzado (diferentes preferencias partidarias para diferentes cargos). En tanto la crítica vertical de la lista sábana refiere al bloqueo de la lista, argumentando que la gente tiene que elegir entre acuerdos de cúpula partidaria o “rosca”, como se conoce en la jerga política criolla. Debemos analizar si efectivamente ese es problema que desencadena la falta de legitimidad de los representantes, y lo que los autores argumentan es que en Argentina (donde hay predominio de circunscripciones electorales pequeñas) el problema solo puede afectar a Buenos Aires y a la Ciudad Autónoma en menor medida.

Se han planteado alternativas para ello y las que han sonado con mas eco son la propuesta de boleta única y la de voto electrónico. He argumentado a favor de la boleta única en el punto anterior aunque de aplicarse, por ejemplo, en las elecciones de diputados de la provincia de Buenos Aires, sería conveniente bloquear la lista puesto que se eligen 35 diputados aproximadamente y sería harto complicado el escrutinio posterior y costaría acostumbrar el electorado a las preferencias pues es un electorado mas disperso y heterogéneo que el porteño. En tanto el voto electrónico no es contemplado como opción viable pues genera sospechas en tanto sistema y porque la cultura electoralista argentina es proclive a manipulaciones en la elección, y en este caso estaríamos hablando de pillaje informático; lo cual sería de muy difícil detección para un ciudadano sin la preparación adecuada.

La informatización del comicio acarrea la digitalización de otras tantas etapas como los padrones, los cómputos o el transado de la maquinaria. Luego éstas deben ser mantenidas, lo cual es un costo extra periódico y no es menor el gasto de Brasil de 1.200 millones de dólares en capacitación para poner a punto el sistema, también habría que contemplar qué hacer cuando se descompone una máquina, cómo proceder ante ausencia temporal de la autoridad de mesa y una resignificación profunda de la fiscalización partidaria, privando a un enorme contingente de personas de la tarea de control del comicio. Si bien es verdad que representa un salto cualitativo en rapidez y transparencia a la hora de calcular resultados; lo complejo es que estén dadas todas las garantías para asegurar un correcto funcionamiento del procedimiento electoral.

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