El cuerpo de las imágenes

Resúmen del texto de 1984 de Eliseo Verón

La mediatización

El resultado de un tal proceso de mediatización sería la transferencia total de las prácticas colectivas al universo de los medios.

La pantalla chica se ha vuelto uno de los lugares fundamentales de la producción de espacios imaginarios de la ciudad (Ciudad “citè” en francés, diferente de “ville”; e el sentido de polis griega, de lugar del ciudadano).

La ciudad es una entidad cuyo espacio está enteramente construido en lo imaginario (del imaginario político) (…) la mediatización es particularmente sensible en el dominio del aparato del Estado y de sus ceremoniales.

De la escritura al contacto

Charles Sanders Peirce distinción entre 3 órdenes de funcionamiento del sentido, los cuales son modalidades del funcionamiento significante:

• Orden del símbolo actividad lingüística

• Orden de lo icónico funcionamiento de la imagen, de la representación figurativa “por semejanza”, que se llama frecuentemente el orden de la analogía

• Orden de los fenómenos indiciales Un reenvío significante de naturaleza indicial implica siempre un vínculo existencial; funciona siempre por contigüidad (por ello se puede denominar también el orden de los fenómenos metonímicos)

La mediatización de la sociedad industrial mediática hace estallar la frontera entre lo real de la sociedad y sus representaciones. Los medios no son solamente dispositivos de reproducción de un “real” al que copian más o menos correctamente, sino más bien dispositivos de producción de sentido. Una sociedad en vías de mediatización es aquella donde el funcionamiento de las instituciones, de las prácticas, de los conflictos, de la cultura, comienza a estructurarse en relación directa con la existencia de los medios.

Desde el punto de vista del sujeto, la materia privilegiada del orden indicial es el cuerpo (sus características manifiestas). El cuerpo significante se constituye como configuración compleja de reenvíos metonímicos CUERPO-ESPACIO-OBJETOS. Este nivel de funcionamiento por contigüidad lo ha llamado también el orden del contacto.

La mediatización de esos 3 niveles se ha producido en un orden inverso al de la ontogénesis: si el sujeto se constituye a partir de la estructuración de su cuerpo significante en el contacto para llegar al orden simbólico del lenguaje, pasando por la figuración, los medios se han apropiado en 1er lugar de la escritura, después del orden de la figuración a través de la fotografía y el cine, para conducir finalmente a la mediatización del contacto, parcialmente a través de la radio y plenamente con la TV (que es el medio del contacto).

La definición de medio debe tener en cuenta las condiciones de producción (el dispositivo tecnológico por ej.) y las condiciones de recepción. (…) esta TV para el gran público se ha instalado en las sociedades industriales haciendo de la información su género mayor, y de lo directo su modalidad discursiva fundamental.

El espacio de la información

El espacio enunciativo donde lo que esta en juego es el contacto, permite al conductor crear una distancia entre sí mismo, enunciador de la actualidad, y aquello que él nos narra sobre esta última. Esta distancia será construida por operadores de modelización (verbales y gestuales) que expresarán la duda; (…) el enunciador moderno crea una simetría con su destinatario. (…) La credibilidad del discurso que así se produce depende enteramente de las reverberaciones de un cuerpo significante.

Espacios de lo político

En el espacio televisivo son los periodistas los que tienen el derecho natural a “mirarme a los ojos”; por ello es que una campaña electoral siempre es ocasión de negociaciones entre enunciadores que juegan a juegos de discurso diferente: periodistas y políticos.

La estrategia política, que se ejercía antaño esencialmente en el dominio de lo simbólico (lenguaje), está obligada hoy en día a abrirse camino a través de la red de la metonimia, en busca del buen contacto. Dicha estrategia se convierte en una de dominio de las configuraciones espaciales de lo imaginario televisivo, y la puesta en espacio de las grandes emisiones políticas en un enjuego crucial.

Lo más interesante es analizar cómo, a partir de su estrategia global en el transcurso de un enfrentamiento electoral, cada candidato “negocia” de una manera específica sus intercambios con los periodistas, a fin de controlar lo mejor posible el dispositivo audiovisual e el cual se encuentra inserto. Una estrategia política aparece entonces como una lógica del intercambio en el seno de una interacción sobredeterminada por la puesta en espacio de las posiciones de enunciación..

En tanto campo de funcionamiento discursivo, el de lo político está, considerando en su conjunto, dominado por los intercambios simétricos: varios enunciadores, cuya legitimidad es comparable, se enfrentan, constituyendo cada uno su palabra a través de la localización de un adversario.

Una posición de enunciación complementaria (que se puede llamar pedagógica) es: rehusando la construcción de un adversario, el enunciador se sitúa por encima de los partidos e intenta definir su legitimidad en el eje del saber, y no en el del querer. Existe otro que no posee el saber necesario y es colocado en una posición de inferioridad.

Un debate a la francesa construye un espacio cerrado, dentro del cual los dos candidatos interactúan, y el contacto entre periodista y los telespectadores es preservado por otro lado. La configuración de las emisiones norteamericanas nos dice que el político enfrenta al medio, y que este último se sitúa, de algún modo, del lado de la sociedad civil.

Lo global por lo local, o de la semiosis de los espacios mediáticos

Gracias a la TV para el gran público, el proceso de mediatización de las sociedades industriales democráticas se completa con el establecimiento de nuevos espacios imaginarios. Poco a poco, éstos encuentran su especificidad, articulan las reglas que les son propias, se transforman en lugares de producción de los eventos de lo “real” social, administran las interfaces y las negociaciones entre diferentes juegos de discurso. (…) Los discursos político, religioso, informativo, administrativo, económico, deben ponerse a la búsqueda de los códigos y las figuras de lo indicial para expresarse en la dimensión del contacto.

En una sociedad premediática, el orden del contacto y de la apropiación del espacio por el cuerpo significante era del orden de lo cotidiano; definía la inmediatez de la vida organizada alrededor del “yo” social y de sus prolongamientos territoriales, en oposición al simbolismo distanciado de las instituciones.

La mediatización cambia la escala del espectáculo, pero no su naturaleza semiótica. (…) La mediatización en curso pone en circulación, a escala de la sociedad global, todos los signos que operaban antes en la esfera de la territorialidad subjetiva.

Capítulo 2

Interfaces

Sobre la democracia audiovisual avanzada

Las sociedades posindustriales se encuentran en vías de mediatización, las prácticas sociales se transforman por el hecho de que existen medios. El proceso de mediatización no progresa al mismo ritmo en los diferentes sectores del funcionamiento social.

La mediatización ha implicado la incorporación progresiva de nuevos registros significantes. (…) En esa mediatización de lo político en situación de monopolio, lo esencial ha sido la progresiva autonomización de la información televisiva respecto del poder político. La mediatización de lo político es siempre asunto de interfaz entre lo político y la información.

2. La TV de servicio público: entre el temor y la fascinación

El temor o el Estado en campaña

El monopolio del Estado francés habituó a su población durante cada elección nacional a 2 tipos de campañas: la oficial y la oficiosa. Oficial es una que está rigurosamente reglamentada.

El elemento decisivo que diferencia una de otra es que, en la oficial, el político enfrenta a los medios sin intermediario (habla de los minutos que se le daba a cada candidato en la TV para explayarse, garantizados por la ley de competencia electoral). Toda aparición de lo político en la TV masiva implica una interfaz entre el discurso político y el informativo: son siempre los periodistas quienes reciben a los políticos. En esta interfaz tienen lugar complejas negociaciones. La campaña oficiosa está enteramente construida bajo esta forma.

El temor que se expresa por el empobrecimiento radical del lenguaje audiovisual es entonces un temor a los efectos enunciativos; el empobrecimiento apunta a eliminar, en la medida de lo posible, todas las variaciones en las maneras de decir, para intentar restituir el enunciado y nada más que el enunciado.

El dispositivo administrativo que definía la campaña oficial presuponía entonces, también, que la interfaz política/información era la única garantía de una utilización no peligrosa (o menos peligrosa) del poder de los medios. (…) el esfuerza para preservar las “condiciones de verdad” del discurso político y para evitar que la retórica del medio pueda contaminarlo, termina vaciando las palabras así pronunciadas de toda credibilidad. Y el empobrecimiento impuesto al lenguaje hace además más visible la puesta en escena. Efectos perversos o masoquismo de Estado, los resultados son claros.

La regla mas importante tiene que ver con el acceso a la mirada del espectador, que es privilegio del periodista, puesto que el político no es imparcial ya que intent persuadir permanentemente. El político no controla la enunciación audiovisual dadas las restricciones impuestas en la campaña oficial.

El discurso político no se confunde con el informativo ya que el 1ro encuentra, en el marco del 2do, la legitimidad propia de su especificidad.

La fascinación o negociación de las interfaces.

Estrategia pedagógica: el otro no es un adversario, sino un ignorante. Utilizada por Giscard en 1974.

El control de la situación por el pedagogo depende enteramente de este matiz, capital, entre la comunicación y la metacomunicación. (…) Toda relación pregunta-respuesta puede poner al interrogado e posición complementaria inferior, a condición de que ella sea seguida de una meta-maniobra destinada a demostrar que el otro es incapaz de responder correctamente. Al mismo tiempo, el enunciador pedagógico busca definir por sí mismo las reglas del juego, a partir de su posición metacomunicacional.

Hasta 1981 había una sola regla, la igualdad de tiempo de uso de la palabra; por lo que se percibe un doble desconocimiento: 1ro se desconoce el hecho de que la estructura del intercambio es, en el plano de los efectos, más decisiva que la igualdad de tiempos de la que dispone el adversario; y 2do que la herramienta es, ante todo imagen que produce efectos de contacto.

Los indicadores paralingüísticos sirven para reforza, atenuar, precisar, enfatizar, etc lo que se dice. (…) Son también metasignos frente a la enunciación del otro (cuando hacemos gestos cuando el otro habla).

3. La irrupción de la lógica del mercado

El espacio público del Estado desaparece progresivamente en provecho de un espacio público de lo político; paralelamente se construye un espacio mediático de la información.

Las restricciones impuestas en las campañas oficiales han desaparecido silenciosamente.

Si se quiere evitar que la evolución en curso termine en una situación como la de EEUU, donde las campañas electorales se reducen a la publicidad en la TV no hay más que una manera: que el poder político asuma sus responsabilidades, reconstituyendo el espacio público del Estado, abierto (a diferencia de las campañas oficiales tradicionales) a la riqueza de la herramienta audiovisual, pero preservado de la influencia total de la lógica de mercado.

La entrada de lo político en la era audiovisual ha significado un enriquecimiento de la discursividad política, por la incorporación de nuevos registros sensoriales ( en particular de lo indicial), y por la complejización de las estrategias que resultan de ello.

La publicidad en la TV son un “injerto”. Si el discurso político queda anclado en la economía del régimen audiovisual ( y no solamente de la publicidad) su complejidad será preservada: esto se ha convertido hoy, le parece, en un problema propiamente político.

Capítulo 3

TV y Democracia

El estatuto de la puesta en escena

Fuera de la radio y la TV no hay transmisión en directo. El inquietante extrañamiento se produce cuando, mirando la transmisión de algo en directo por TV, nace la sospecha de que, quizás, lo que vemos no está pasando ahora sino que ya pasó.

Tomemos la oposición entre directo y diferido como una metáfora de la distancia entre la experiencia vivida y una percepción “científica”, distanciada.

La percepción de los actores sociales es tan selectiva, activa y construida como cualquier modo de representación científica de lo real.

Estrategias enunciativas

Dinamizados por la tensión entre “Nosotros” y “Ellos”, los colectivos son verdaderos pivotes de funcionamiento discursivo, lugares de la mas fuerte densidad significante.

Una posible definición de discurso político puede ser: el discurso que está inserto en un dispositivo de “triple recepción”, sometido a una “triple lectura”. Al receptor hubicado en el mismo Nosotros de identificación que el enunciador, lo llama “pro-destinatario”. Al receptor ubicado en un Nosotros de identificación corerspondiente al de un adversario del enunciador, se llama “contra-destinatario”.

Estas dos posiciones están en el origen de una inversión característica del discurso político, por la cual un sentido se transforma en su contrario en la lectura del Otro. La 3ra posición es la de los indecisos, es decir los “para-destinatarios”. Para con ellos el discurso tiene una función de persuasión. El discurso es, entonces, de refuerzo para el pro, polémico para el contra y persuasivo para el para, los cuales son los únicos imaginarios en juego.

Democracia de los imaginarios

En el plano individual, las premisas definen lo que los psicólogos llaman la “estructura de la personalidad”, resultado del largo proceso a través del cual el niño, en el transcurso de la socialización, aprende una manera particular de negociar con su medio ambiente.

Las premisas que definen las estrategias de vida no son ni verdaderas ni falsas; su validez reposa por entero sobre la creencia que cada sujeto les atribuye.

Los indecisos deberían, mas bien, ser llamados “observadores” durante el juego: permanecen afuera, se rehusan a adoptar uno a otro de los conjuntos de las premisas que se enfrentan. Es en ellos que la inducción de creencia puede operar.

La distinción entre lo imaginario y lo real es imposible de sealizarse introspectivamente, es el exterior quien se encarga de eso. (…) Lo “real” resulta el resultado del escrutinio, y se opone ese resultado a todo lo precedido.

La diferencia es producida por una regla: instaurando un juego de discurso que, como cualquier juego, opera por un encastramiento indecidible de imaginarios, esas reglas instauran al mismo tiempo el mecanismo (exterior, arbitrario y, en consecuencia, neutro en relación con las creencias que se afrontan) que permite decidir.

Es una regla la que va a efectuar la partición entre los imaginarios, instaurados como real la configuración de imaginarios de un día determinado; (…) no hay producción de sentido sin puesta en escena. (…) Lo “real” está totalmente fragmentado: hay tantos reales como discursos que se enuncian.

Si esta fragmentación, la mayor parte del tiempo, permanece invisible, es porque cada actor social es llevado a identificar, dentro de la red discursiva, el imaginario que le permite enganchar su creencia. “Real” es, para cada uno de nosotros, el nombre imaginario que nos conviene.

El proceso de mediatización de las sociedades industriales está dentro de cada juego de discurso, cada enunciador aplica el principio de la verdad y la regla de la sinceridad; (…) el régimen significante de los medios audiovisuales conduce a una valorización de las estrategias enunciativas y, por lo tanto, a una acentuación de la puesta en equivalencia de las posiciones de discurso con, como consecuencia, una relativización de la pretensión de verdad de cada enunciador.

El directo es (…) la figura destinada a significar el contrario absoluto de toda voluntad de representación.

El acto de recepción es el acto de retoma del imaginario, de su actualización, a condición de que creamos, La creencia borra, ineluctablemente, para el sujeto, la enunciación. (…) los indecisos ven mejor la puesta en escena.

Lugares del cuerpo

Hay 2 enfoque sobre democracia: como solución, es decir enfatizando la “voluntad general”, la necesidad de concenso y con objetivos a alcanzar como libertad, justicia, etc; o acentuando en los problemas, ver a la democracia como la menos mala de las soluciones, como el mecanismo para la institucionalización de los problemas.

Reconocer la legitimidad del conflicto que opone 2 o + partes, quiere decir afirmar una equivalencia entre ellas, considerar que son intercambiables, rehusarse a adoptar una posición que sería la única depositaria de la verdad. Un político (…) está condenado a expresar la certidumbre, por ello el reconocimiento del conflicto es visto como un “gesto inaugural” que define la posibilidad de juego.

El lugar desde donde ese gesto es efectuado no es el de la palabra política: ella lo designa, lo viste de imaginario por medio de los colectivos de enunciación (pueblo, patria, etc.). (…) Querer encarnar ese lugar es tal vez la definición misma del lider con vocación totalitaria: ilusión de totalización del vínculo social, de anulación definitiva del conflicto.

La paradoja que funda la ambigüedad radical de la “solución” democrática es ineludible, porque el lugar vacío de la Ley es, en democracia, inocupable: en el momento mismo en que alguien se instala allí, la Ley es aniquilada y reemplazada por el arbitrio del Príncipe.

No hay democracia sin capitalismo; no hay democracia sin medio. Ellos son el lugar donde se construyen las entidades imaginarias que fundan el funcionamiento democrático: es el lugar que hace nacional a la nación, pública a la opinión, general a la voluntad.

La información en la TV es a la vez la consumación de la mediatización del contacto y un lugar de negociación donde los cuerpos políticos pueden mostrarse bajo el control de los cuerpos informativos.

Lo audiovisual contiene, en potencia, la fascinación secreta del deseo de ocupar el lugar vacío de la Ley, como si este reencuentro de la mirada del Presidente y de cada uno de los ciudadanos fuera un punto incandescente que encierra el vértigo de una unificación de la verdad que podría llevarse a cabo en la convergencia entre una Ley súbita transformada en voz y gesto, y el deseo abstracto de una voluntad general, bruscamente condensada en el contacto.

El cuerpo del presentador del noticiero representa de algún modo la figura inversa de la figura de la fascinación totalitaria; (..) en un universo de discurso que está fuera del deseo de la Ley.

El espacio audiovisual de la información es, literalmente, el lugar común donde se materializan las abstracciones democráticas. Si ese lugar es común, es porque los que lo ocupan no tienen ninguna negociación en curso con el lugar vacío de la Lay: la confianza es, entonces, posible.

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