Importancia de la paz y la no violencia en el desarrollo sostenido de un Estado

Escrito de febrero de 2008

Es harto sabido que el flagelo de la inseguridad es preocupación central de los argentinos, mas a pesar de la inundación de las calles de cuerpos policiales (conjunto a la delegación de estrafalarios presupuestos y facultades a las mismas) observamos que estas políticas no poseen mayores resultados que un aumento firme y sostenido de la delincuencia y la violencia social sólo comparable con la inflación y la macroeconomía.

Siempre ha sido fomentado desde los medios y desde los sectores mas conservadores la necesidad de neutralizar dicha problemática con la denominada “mano dura”, generando así una rivalidad y una división social entre los sectores marginados volcados a la actividad delincuencial y los trabajadores. Si bien es cierto que el principal damnificado es el ciudadano indefenso que es victima frecuente de los hechos delictivos, sería un grosero error culminar el analisis en esa conclusión pues el problema es tan profundo que su génesis se encuentra dentro de los mismos núcleos de poder mafioso estatal y paraestatal.

Esta coyuntura de caos social estimulada desde el poder genera una respuesta por parte de la sociedad (al menos de un porcentaje importante) que es la parálisis por el temor a perder la vida, la parálisis de recluirse, de desentenderse del contexto.

De acuerdo a la información que nos inunda cada día sobre crímenes, robos, violencia, considero que se está abduciendo a la audiencia hacia una lectura errónea del problema, pues los grandes monstruos de las telecomunicaciones asociados a los magnates mercaderes de la industria del miedo promueven indirectamente (a mi juicio personal) un estado cuasi-fascista de mano dura que utilice la violencia como defensa de la persona común contra el enemigo que es el delincuente de la villa.

Esto sería mas que una solución un parche de la realidad, pues para tener la real voluntad de solucionar la problemática se debe ahondar hasta lo mas profundo del conflicto; o sea porqué surgen esta clase de delincuentes y que los motiva a llegar a tal extremo de violencia.

Si analizamos la generalidad de estas personas (no olvidemos que también son personas) encontramos que son pobres casi indigentes, de escasa o nula educación, sin proyecto de vida y drogadependientes. A esta clase de personas es a la que nosotros llamamos marginados o excluidos del sistema. ¿Por qué decimos esto? Porque el estado no les ha brindado desde un primer momento las herramientas y las garantías para su desarrollo individual y colectivo, porque han sido y son discriminados por su condición social y étnica, y por sobre todas las cosas porque son el chivo expiatorio perfecto de la problemática social.

Todo esto no se propone una amnistía general hacia los delincuentes, de hecho considero que a cada malhechor le debe caer todo el rigor de la ley; solo que sostengo que se debe trabajar en prevenir estas situaciones, en reconvertir a los delincuentes en ciudadanos y no en trazar una frontera entre “ellos” y “nosotros”, por el simple hecho de que no existe el “ellos” en este caso. Somos todos NOSOTROS.

Existe un elemento capaz de movilizar hacia el crimen a los excluidos que es la droga. El mismo contexto empuja al niño hacia la anestesia y hacia el sinrazón, porque tanto desde el estado como desde su círculo mas próximo no han sabido (o no han querido tratándose de los estratos mas elevados) mostrarle otro camino que los conduzca hacia su pleno desarrollo como ciudadano. Sin embargo existe mayor grado de culpa de quienes detentan el poder pues (al menos en el caso argentino) han sido quienes facilitaron los canales para que la droga se encuentre a disposición de quien la busque y a precios que parecen regulados por los índices del INDEC.

Todo esto tiene como fin último la destrucción del estado para el sometimiento de las personas. Se está destruyendo al estado no al desaparecerlo como entidad sino al vaciarlo de contenido, al crear en el conciente colectivo una imagen de inutilidad y de corrupción de la institución de las instituciones, al incumplir con las funciones básicas de un estado que le dan la razón de existir y transformarlo empero en una maquinaria de opresión y de flagelo social. Lo que este “estado” actual planifica es la creación de generaciones de individuos carentes de razón crítica y por tanto incapaces de motorizar a la sociedad, a fuerza de ideas, hacia el progreso real. Lo que se busca además es el saqueo de las riquezas de la nación a manos de unos pocos, riqueza genuinamente perteneciente a cada habitante de cada estado… he allí quienes son los verdaderos delincuentes, quienes son los verdaderos entregadores, porque ni la política ni el estado son los malos, sino los hombres; sin hombres no existiría la política y mucho menos el estado.

Debido a todo lo expuesto es imperioso refundar al estado teniendo como estandartes inalienables la inclusión y la humanización de la vida. Devolverle al estado su carácter de institución garante de los derechos de todos, de agente promotor del progreso y de ejemplo de una moralidad intachable. Solo así se podrá revertir esta dura realidad, solo asi lograremos devolverle el valor que merece a la vida y además garantizar un porvenir digno de quienes habitamos este suelo.

Esto se logrará en la medida que existan reglas de juego claras enmarcadas en la legalidad, en la medida que el rumbo del país sea previsible, y por sobre todas las cosas que el sistema democrático sea participativo y el republicano sea pleno.

Con esto quiero decir que en la medida en que nada escape de las manos del estado (todo esté encuadrado por las leyes), en la medida en que podamos planificar a futuro sin atarnos a una coyuntura de inestabilidad social, politica o económica como la que hemos vivido, con mayor o menor intensidad, a lo largo de nuestra historia; en tanto el sistema democrático permita la participación de todos los ciudadanos, que existan los mecanismos necesarios para canalizar las demandas sociales y que el sistema republicano de organización del estado se encuentre en plena vigencia con la división tajante de los poderes, con la misma ciudadanía como arquitecta de su propio destino, solo asi estaremos devolviendole la política a la gente.

Para ello debemos utilizar la herramienta de la paz y la no violencia, pues somos profundos creyentes de que la fuerza del diálogo es mucho mas poderosa que la de la imposición violenta de las decisiones, que a través de una concertación plural de todos los sectores de la nación que deseen un gran porvenir para nuestro país lograremos trazar las directrices y los principios básicos e insoslayables para refundar este nuevo estado; y que a través del compromiso de que cada ciudadano que habite este suelo sea fiscal y garante de ésto por lo que hoy estamos luchando, solo asi lograremos vivir en el país que soñamos.

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