El epílogo del maestro

Londres, 17 de marzo de 1883

“Ven pronto, Karl desea despedirse”. Esas fueron las únicas palabras que decoraban el manuscrito.

Terminados una serie de trámites que me impedían encarar el viaje de inmediato, llego a Londres el 13 de marzo ya bien entrada la noche. Recuerdo que era una habitación grande, que de seguro hubiese contemplado su tamaño original de no ser por la multitud de voluntades que se encontraban frente al Maestro ni bien arribada mi ánima al domicilio citado en el remitente del telegrama.

En el ambiente se respiraba un escepticismo hacia la suerte del Maestro, pues quienes no estaban en la habitación murmuraban por lo bajo frases como “pobre Carlitos, está gagá” o “quién lo puede creer, ahora se le da por “mangar guita” (sic)”. Debido al horario de mi llegada y a la saturación de visitas decidí conversar con él al día siguiente.

A la mañana siguiente, con la habitación en su plenitud, el Maestro y yo (por perdido de él a solas) mantuvimos el siguiente debate:

Maestro (M): – 64 años de existencia y heme aquí, postrado en una cama recibiendo condolencias de gente a la cual en su gran mayoría no recuerdo; diciéndome que todo estará bien, que todavía soy joven, que me faltan un par de libritos por escribir, pero… ¿sobre qué escribir? ¿cuál es el tema sobre el que no he hablado?.

Toma un trago de agua, contempla el gran ventanal que da a la calle, se detiene en un punto fijo por lo menos durante 2 o 3 minutos, inmóvil, rumorea alguna frase cuasi imperceptible muy por lo bajo (infiero picaresca pues una leve sonrisa se dibujó en su rostro, yo no hube de comprenderla por lo pronto) en el momento en que una joven de blondas cabelleras, de rasgos muy delicados (muy bella por cierto) transitó de pasada por la vereda que reflejaba el ventanal. 

Luego frunció su seño, me miró y dijo:

M: – ¡Cáspitas, se me ha olvidado todo! A mí me parece que desde jovencito vengo intentando demostrar que el Estado moderno es capitalista, pero que no es un instrumento al servicio de los capitalistas, ¿no querido amigo?

Amigo (A): – Maestro, vuestra confusión es aún mas grande que ésta habitación, lo que Ud. ha querido decir es exactamente lo contrario.

En ese momento comprendí los comentarios 

M: – Debe ser la edad, ¿podrías aclararme, amigo mío, esta enorme confusión?

A: – A vuestras órdenes, a modo didáctico recomiendo comenzar en orden cronológico la explicación sobre el concepto de Estado

M: – Coincido contigo, desde ya te agradezco la molestia querido amigo.

A: – Al salir UD. de la universidad había incorporado una definición de Estado que era la del maestro Hegel: “ el Estado es la realidad de la idea ética, el espíritu ético en cuanto realidad patente, claro por sí mismo, sustancial, que se piensa y se conoce, y que cumple lo que él sabe y cómo lo sabe… el Estado, como la realidad de la voluntad sustancial que posee en la conciencia de sí individualidad elevada a su universalidad, es lo racional en sí y por sí”.

M: – Que bellas palabras…

A: – Sin embargo Ud. se mofaba de su maestro diciendo “enseño palabras mezcladas a una agitación demoníaca y confusa; que cada uno piense lo que uno quiera”. A esta definición Ud. la adopta de forma relativa, pues le agregaba un elemento kantiano al sostener que aquel Estado que no representase todo lo que la definición engloba es un mal Estado.

M: – Pero eso es algo lógico, ¿acaso no lo contemplaba el Maestro?

A: – No, porque Hegel hablaba del Estado en términos de realidad práctica, es decir, que no habían categorías morales para calificarlo… Dentro de esta definición el Estado ES la idea materializada.

M: – ¿Es decir que la diferencia radica en los fines?

A: –  Claro, el Estado hegeliano solo persigue el interés general y el que Ud. observa no responde a aquello, sino que lentamente va vislumbrando que éste es un ferviente defensor de intereses particulares, como en el caso del robo de la leña por ejemplo.

Cree que el Estado es quien debe educar a los miembros para despojarse de ese interés particular y comenzar a velar por el general; Ud. afirma en esos escritos que el Estado es una asociación de hombres libres que se educan recíprocamente.

Ya en el 43 viaja a París y comienza una etapa fundamental de su juventud.

M: – Recuerdos vienen hacia mi de aquellas épocas, cómo olvidar a ese gentil caballero de pequeña estatura y contextura graciosa… Guizot de apellido… cómo olvidar Paris…

A: – Maestro, Guizot lo echó de Francia por agitador…

M: – ¡Cierto! Cómo olvidar a ese canalla…

A: – Lo fundamental de esta etapa (cuando redacta los anales franco-alemanes) fue que Ud. comenzó a preguntarse sobre la estructura del aparato estatal, qué es lo determinante y qué lo determinado. Coincide en que un gran aporte hecho por Hegel es la separación de Sociedad Civil (SC) de Sociedad Política (SP); a lo que Ud. reflexionará qué es lo que determinante qué

M: – ¿Y el Maestro qué sostenía?

A: – Que tanto la familia como la SC eran determinadas por la SP (el Estado), es decir que hay familia y SC gracias al Estado, que el sujeto es el Estado y todo lo demás predicado.

A esto objetará que lo que se considera como esferas conceptuales del Estado escindidas de él, lo que marcan es la finitud del mismo; es decir que si la SC y la familia se encuentran por fuera del Estado entonces éste no es infinito. Dirá que la división del trabajo en la familia y la SC es algo ideal y por lo tanto necesario, que forma parte de la esencia de la SP; familia y SC se convierten ellas en Estado. Son el motor. Por o tanto para Ud. SC + Familia son el sujeto y la SP es el predicado.

M: – Sígueme contando, ¿que influencia ha tenido sobre mi la Revolución Francesa de 1789?

A: – Ud. dirá que dicha revolución es de orden burgués, pero sumamente progresiva. Ella instala la noción de individuo, libertad, igualdad, fraternidad… También el derecho a la propiedad, creando espacios privados dentro de lo público.

Ha sido un gran lector de Rousseau y de él ha incorporado el término voluntad general, que engloba dentro de la democracia radical entendida como gobierno del pueblo y que a la postre lo resignificará como algo anti-estatal, pues el gobierno de las mayorías lo que hace es fundir la esfera de lo privado a lo público quedando ésta como la única determinante en la sociedad, transformándola en una comunidad.

M: – ¿Es decir que en el gobierno plenamente democrático de la SC se encuentra el Estado puro?

A: – Mas adelante, analizando la SC, Ud. determinará que ésta es un reino caótico de intereses egoístas y mercantiles; por lo que concluirá que la SC es una sociedad de clases, que es producto de la división del trabajo en constante crecimiento.

M: – ¡Recuerdo! En aquel momento es donde comencé a utilizar el término sociedad burguesa

A: – Claro, afirma que el Estado político (al velar por la propiedad privada) crea la ilusión ante la sociedad de mostrarse como lo determinante cuando en realidad es lo determinado; es decir, es un aparato de dominación puesto al servicio de la propiedad privada. Así quebranta a la voluntad de la familia y la sociedad, pero lo hace solamente para dar existencia a la voluntad de la propiedad privada que carece de familia y sociedad; para reconocer esta existencia como la existencia suprema del Estado político, como la existencia moral suprema.

M: – Infiero que el proceso emancipatorio al cual debe arribar la sociedad es de carácter político ¿no?

A: – Honestamente no. La emancipación política es propia de las revoluciones burguesas, al plantear la igualdad pero en el campo político solamente. Ud. enfatiza en la emancipación humana, que consta de la igualdad sustantiva de todos los miembros y por la reconstrucción de comunidad que ha roto la modernidad y su antropocentrismo. Ud. es mucho más ambicioso.

M: – Por lo tanto estaríamos hablando de otra clase de individuo diferente al habitante de la sociedad burguesa…

A: – Es así, implicaría la metamorfosis del individuo egoísta y explotado en ser genérico, es decir, la articulación del ser humano en su capacidad de apropiarse y transformar la naturaleza a partir del trabajo y poner a la misma a su servicio. Adelantándonos un poco dirá que es el individuo que trabaja bajo un régimen libre de no explotación.

M: – En definitiva, ¿es el oprimido quien tiene la tarea de encarnar dicha transformación?

A: – Ud. es más puntilloso en ese sentido, pues habla del proletariado como el encargado de tomar la posta revolucionaria, dirá esto porque entiende que este nuevo actor creado por la fábrica es la injusticia hecha carne, es la negación absoluta del burgués.

M: – Por lo tanto…

A: – Por lo tanto al ser la negación absoluta de la afirmación burguesa, es el proletariado aquel que mejor puede interpretar la sintetización del proceso (siguiendo el mecanismo dialéctico), pues de la negación de su esencia totalmente negada resultará un nuevo momento histórico que será la superación del Estado burgués; es decir, el dominio proletario (a través de un semi-estado clasista) que progresivamente irá desarticulando al Estado para arribar a una sociedad sin clases, a una comunidad autorregulada.

Súbitamente reacciona exaltado

M: – ¿¡Es decir que el Estado es un producto de los cerdos capitalistas para dominar a los pobres e inmaculados proletarios!?

A: – No Maestro,  el Estado no existe por obra de la voluntad dominante, sino que al surgir como el resultado del modo material de vida de los individuos, adopta también la forma de una voluntad dominante, ¿entiende?

M: – Mas o menos…

A: – El Estado es una construcción histórica, los burgueses se han apropiado de él.

M: – Malditos buitres mercantilistas, que con sus garras intentan despellejar al subsumido para exprimirle hasta su última gota de trabajo…

A: – Prosigo Maestro, es por eso que en el Manifiesto Comunista Ud. y Mr. Engels definen al Estado como…

A dúo: El comité organizador de los asuntos comunes de la burguesía.

A: – En el Manifiesto Uds. le encargan al proletario la tarea de tomar el poder político; es decir, conquistar la democracia a través de la dictadura del proletariado. Esta toma será por medio de la revolución violenta, como respuesta a la violencia organizada del Estado.

Luego un hecho que lo ha marcado de sobremanera es la revolución del 48 pues es allí donde Ud. intenta plasmar su modelo teórico a una situación concreta. Derrotada la revolución parte a Gran Bretaña con la convicción de que, luego de lo contemplado, la burguesía ha perdido todo su carácter progresivo.

M: – Cómo olvidar mis años aquí, recuerdo largas jornadas con la sola compañía de mi pluma…

A: – Efectivamente Maestro, aquí escribió el XVIII Brumario de Luis Bonaparte y el Capital.

M: – Eso me recuerda que debo terminarlo, menciónamelo mañana por favor pues no creo logre recordarlo por mis medios.

A: – Desde ya Maestro. El gran aporte que hace el XVIII Brumario es la resignificación del Estado al separarlo del dominio exclusivo burgués (al menos a priori) y determinarlo como una máquina enorme de guerra del capital contra el trabajo.

El bonapartismo, según su pluma, es el régimen político resultante de la emergencia del proletariado como sujeto independiente; el que surge del resultado del empate entre las clases cuando la burguesía no puede dominar normalmente y el proletariado tampoco tiene la fuerza suficiente como para hacerse del poder político. Sin embargo hasta se han tomado el atrevimiento de plantear elementos de la república social y de cuestionar la hegemonía burguesa.

M: – ¡Esos son mis “grasitas” (sic)!

A: – En busca del orden es que la burguesía se ve en la necesidad de restituir la forma de gobierno del Antiguo Régimen, por ello avala, en 1851, la instauración del Imperio a manos de Luis Napoleón; es lo que Ud. denomina “camino prusiano”, ya que la clase burguesa accederá al poder por medio de otros carriles alternativos al clásico de la república.

Sin embargo esta emergencia de las clases dominadas ha suscitado un agigantamiento de la silueta del Estado, pues sus filas ya contaban con más de 500.000 burócratas y similar número de militares.

M: – Recuerdo que odio a esos burócratas, pero no sé porqué…

A: – Porque piensas que son unos parásitos egoístas, que persiguen su propio interés particular pero que lo disfrazan de general; con un discurso similar al hegeliano sobre el Estado, pero que a fin de cuentas no son más que mercaderes de la política.

M: – ¡Por Zeus! Son unas sanguijuelas… cómo olvidarlos…

A: – Otro dato imprescindible que debe recordar, es que en el Capital Ud. habla por primera vez de estructura económica, recuerdo su cita de memoria “… El modo de producción de la vida material condiciona en general el desarrollo de la vida social, política e intelectual. No es la conciencia del hombre lo que determina su existencia; por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia. Al llegar a determinado grado de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes, o con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se desenvolvieron hasta ese momento, que no son sino su expresión jurídica. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que fueron hasta ayer, estas condiciones se transforman en pesadas trabas. Entonces comienza la época de revolución social. El cambio de la base económica es acompañada por una transformación más o menos rápida de todo aquel enorme edificio”.

M: – ¡Harto ambiciosa resultó ser la empresa a la que he dedicado mis días!

A: – Sin embargo Ud. ha visto con buenos ojos las conquistas políticas de la clase obrera en forma de legislación laboral. Dirá que es un triunfo de la economía política obrera por sobre la burguesa.

M: – Todo muy bello pero ¿qué sucede en Asia?

A: – Para analizar Asia ha tomado como referencia a la China antigua y al Egipto faraónico; sociedades desclasadas en donde el poder político se encuentra en manos de una casta que se apropia de un eje fundamental del desarrollo de las fuerzas productivas de la época, como era el control del riego por ejemplo.

M: – Entonces el Estado ¿es un producto de la sociedad capitalista o, por el contrario, de toda sociedad donde se da división de clase

A: – En el Manifiesto Ud. dice que el Estado es la dominación política de cada clase que, en los diferentes modos de producción, ejerció el rol de explotadora. Sin embargo, existen otros escritos en donde enfatiza en la división hegeliana de la SC y SP. En ellos entiende al Estado como una forma de dominación política exclusiva del capitalismo.

Piensa meditabundo, no quise interrumpir su reflexión.

De repente me observa y pregunta

M: – Dime, querido amigo, ¿qué tal es el comunismo?

A: – Es una respuesta compleja, pues el nivel de abstracción necesario es, a esta altura de la lucha, bastante elevado.

Dependerá el comunismo de la raigambre cultural de cada pueblo, sin embargo estaríamos hablando de una mancomunidad mundial totalmente desclasada, sin necesidad de un aparato judicial exógeno a los miembros de la comunidad y dependería de ellos mismos la administración de las cosas (democracia plena).

El reemplazo del ejército por las milicias populares, la desburocratización de las funciones políticas, el sometimiento del capital al trabajo son premisas fundamentales del camino hacia el comunismo.

Empero mientras exista un Estado burgués existirán, necesariamente, los pseudo Estados socialistas en donde persistirá el derecho burgués, necesario para hacer valer el derecho a la igualdad; ya la propiedad de los medios de producción será de orden estatal, inmersa dentro de una economía autorregulada y con la descentralización de las funciones históricamente estatales a las microcomunidades que hacen a la mancomunidad nacional.

M: – ¡Cáspitas, al final he dicho que la religión es el opio de los pueblos y no he hecho mas que prometerles el paraíso!

Una última cosilla. No he tenido la posibilidad de hablar con Friedrich y no quisiera ir a la cama sin saber qué opina él de todo esto.

A: – Mire maestro lo que le voy a confesar es algo inédito; de hecho Mr. Engels dijo que no lo pensaba publicar hasta 1895 más o menos.

M: – Escucho atentamente.

A: –  Engels está pensando que la derrota de Francia ante Alemania abre un camino hacia una contienda de tamaño impredecible, pues una Francia debilitada caería fácilmente en los brazos de Rusia según me ha comentado. Comienza una época de ambiciones desmesuradas aunque se viva en un contexto de falsa armonía.

Su otra gran preocupación pasa por Norteamérica, al decir que si bien no posee castas históricas como nobleza o ejército permanente, el bipartidismo ha hecho un arsenal de especuladores que detentan la maquinaria del Estado de forma alternada en detrimento de la población (democracia ilusoria pues representa una falsa pluralidad; dos caras de la misma cosa); la misma se encuentra impotente frente a esos dos grandes consorcios de políticos que dominan y saquean al país. De esta forma, dice, se transforman de servidores de la sociedad en señores de la misma.

Creo yo que allí infiere que el bipartidismo es un falso espejo social que permite mantener bajo control a la sociedad dominando los dos polos que se muestran como antagónicos pero que en definitiva forman una sola casta de funcionarios.

M: – Creo que tienes toda la razón querido amigo

Con los ojos cansados y dormitando el Maestro se despide

Muchas gracias por la plática de hoy, será un gran tesoro en mi memoria… ahora por favor déjame solo que deseo descansar.

A: Siempre es un gusto hablar con Ud. Maestro, que tenga una buena noche.

Finalmente el Maestro se recostó y se sumergió en el sueño más largo

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